Por Redacción | jueves, 24 de marzo de 2022

Cuando somos niños nos educan bajo ciertos cánones para poder desenvolvernos dentro de la sociedad, mismos que nos condicionan al llegar a la etapa adulta


El camino hacia el amor propio es un proceso de desconstrucción que no se da de un día para otro, si no, que se trata de una aceptación escalonada y un trabajo constante que se vive día a día.

Crecemos con una cantidad de etiquetas puestas sobre nosotros que con el paso del tiempo nos van vendando los ojos hasta volvernos ciegos. Vemos lo que creemos ver.

Cuando somos niños nos educan bajo ciertos cánones para poder desenvolvernos dentro de la sociedad, cuántas veces escuchaste las siguientes frases “El color azul es de niños”, “Una niña no debe jugar con carros”, “un hombre no llora”, “las mujeres deben de ser recatadas”, “eres tonto” por mencionar algunas. Pero, ¿se dan cuenta del poder de la palabra? Desde niños nos condicionaban como adultos, olvidaban que éramos niños y que para nosotros no había ningún problema con el llanto o con el juego.

Crecimos reprimiendo nuestras emociones y gustos por temor al “el qué dirán”; cuando somos adolescentes vienen más frases como “por qué te vistes así”, “estás subiendo de peso”, “los hombres deben de ser musculosos”, “qué no eres hombre”, “que bruto eres” y nos vuelven a etiquetar y reprimir, porque nos dicen que el peso y el físico es lo único que importa, que las emociones son un signo de debilidad.

Nos volvemos adultos incapaces de vernos y apreciarnos como somos. Tenemos tantas etiquetas que aceptamos cada una de ellas y creemos que cada palabra y frase impuesta por la sociedad nos representa.

Todo lo negativo que creemos tener es una puerta abierta a trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, inseguridad, miedo, fracaso, bajo rendimiento escolar y laboral, repetición de patrones de conducta, de pareja, de situaciones; que muchas veces somos incapaces de aceptar.

Pero ha llegado el momento en el que cada persona debe comenzar a reconstruirse, romper con esos esquemas y empezar a reconocerse. No es tarea fácil, pero tampoco imposible.

Comencemos por ver ¿quiénes somos en realidad? Mírate al espejo y ve quién eres. Mírate y obsérvate, ése que miras ahí eres tú en tu forma natural, reconócete como un hombre y una mujer capaz de realizar cualquier cosa. Mira ahora tu cuerpo sin juicios y etiquetas, agradece lo que ves porque eres afortunado y, si al mirarte no te agrada lo que observas, agradece y comienza a modificar tus hábitos porque tienes ese poder.

El poder de no darle fuerza a las palabras de las personas que te señalan, el poder de transformarte y cambiar tu entorno. Si crees que no puedes hacerlo solo, busca ayuda. Acércate a centros especializados que te brinden la ayuda que tú necesitas, recuerda que no estás solo y mereces auto respeto, reconocer tu potencial, mereces ser feliz. Rompe con la cadena de etiquetas, rompe con el juicio, resignifícate, edifícate, amate, reconstrúyete y recuerda que la imagen que tienes de ti no es heredada si no aprendida.

Alma Cortés Orduña / Tinta de Colores