Acabo de regresar de un viaje de cuatro días a Monterrey, capital del estado de Nuevo León. Y regresé maravillado.
Ciertamente, uno espera que una ciudad tan antigua como aquella, cuenta con todas las amenidades de cualquier otra gran ciudad... pero caramba. Monterrey se luce: calles limpias, un sistema de transporte eficiente, un Metro que funciona al 100% con energía reciclada, una ciudad que recicla el 100% de sus deshechos (deshechos que alimentan de energía al metro), vialidades bien hechas y sin hoyos, puentes, pasos a desnivel, dsitribuidores viales; ciclopista, canchas de diversión, parques, museos y un sinfin de amenidades que parece que ando en Nueva York. Además, una ciudad segura, tranquila. Me dejó impresionado el lugar... me dejó muy feliz de saber que en nuestro país se puede vivir así.
Por otro lado, evité pensar en tanta gente que vive en este país, sin tantos privilegio. Lo evité por completo. Monterrey es una ciudad de gente luchona y trabajadora. Me tocó ver una manifestación en Macro Plaza, camino al Palacio de Gobierno del Estado ¿y qué creen? Los manifestantes iban ordenados, sin alterar el orden, sin ensuciar las calles, sin destrozos y, lo mejor ¡sin impedir la circulación!Esta gente si sabe manifestarse, sin darle en la madre al prójimo. Hasta para eso hay que ser civilizado, y los regios saben serlo.
Mi impresión fue que Monterrey es una ciudad que tiene resueltos muchos problemas sociales, muchos. Y ahora tiene tiempo de dedicarle recurso a la cultura, a la educación y al esparcimiento. Acá en Mexicali, por ejemplo, se traen la discusión de si el concreto será mejor opción que el asfalto. ¡Háganme el favor! Las calles de asfalto se resecan y se parten con el Sol. Basta cruzar la frontera para darse cuenta que el concreto es la solución.
No lo sé... Monterrey me hizo pensar que si se puede. Sólo es cosa de querer.