Arleth Ramírez Romero celebra sus 3 años con una fiesta de fantasía
Sociales | lunes 19 de octubre
Noticias de Tijuana. El Gran Diario Regional en línea, presentando noticias en tiempo real con información de Tijuana, Mexicali, Ensenada, Rosarito, Tecate, Baja California, México y el mundo
En Tendencia: Jaime Bonilla, AMLO, Marina Del Pilar, Policiaca Tijuana, Garita Tijuana, UABC, Pandemia, COVID, Xolos, Toros
Por Norma Bustamante | lunes, 19 de octubre de 2026
A la historia se le define comúnmente como la ciencia del pasado, los viejos historiadores narraban acontecimientos diversos cuyo único vínculo era haber ocurrido aproximadamente en el mismo momento, las batallas, los tratados, la muerte de los reyes y de los héroes. Siempre la historia rastreando los orígenes, dando por hecho que en este conocimiento del pasado podremos entender más el presente.
Pero invariablemente en el relato de la historia, los protagonistas suelen dividirse en héroes y villanos. Sin espacio para matices, esa reputación pasa de generación en generación y de un libro a otro, sin considerar explicaciones sobre las circunstancias de cada época. Así se narra la historia de México: con poco análisis y entre la veneración y el rechazo. Virreyes, reyes, emperadores, presidentes, dibujados a la medida de las necesidades y trasmitida su fama en los procesos educativos, en un escenario de blanco y negro sin ninguna posibilidad de análisis.
Personajes como Porfirio Díaz o Santa Ana suelen presentarse como figuras perversas, mientras sus aciertos —que también los hubo— se minimizan o se eliminan del relato. A los héroes, en cambio, se les preserva una imagen intachable: se les eleva casi a la categoría de santos y se evita cualquier hecho que pueda empañar su memoria.
Un ejemplo de eso: La responsabilidad de la pérdida de casi la mitad del territorio nacional se le atribuye totalmente a Antonio López de Santa Ana. Es verdad que sus acciones en contra de la patria fueron ciertas y comprobadas, pero lo que no se dice es que desde que los texanos se independizaron, los mexicanos andaban muy entusiasmados con la idea de anexarse a los Estados Unidos y fueron los mismos mexicanos los que prendieron ese entusiasmo. Santa Ana, en la ciudad de Saltillo libró una batalla contra el ejército invasor y los soldados mexicanos desertaron, lo dejaron solo y se regresaron a la Ciudad de México. Luego lo que sí se cuenta con toda parafernalia es la invasión de 1847, la defensa infructuosa del Colegio Militar en Chapultepec y la derrota, la histórica derrota.
Pero habría que señalar que la presencia de los norteamericanos en la capital hizo felices a muchos mexicanos que alborotados pregonaban la conveniencia de que México se anexara a Estados Unidos e incluso se pasaron al bando estadounidense. También no olvidar que sin ningún sentimiento patriótico los siempre separatistas yucatecos le pidieron ayuda a los invasores para combatir a los rebeldes mayas que reclamaban justicia en sus plantaciones henequeneras. En todo el país miles de mexicanos aprobaban la anexión. Cuando el ejército enemigo llegó a Mazatlán, los comerciantes del puerto aprovecharon la oportunidad, haciendo negocios, vendiéndoles todo lo que podían. Defensa, ninguna.
En 1848 México firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, recibió quince millones de pesos por Nuevo México y California. Muchos mexicanos se quedaron de aquel lado, luego la debacle total, Santa Ana vendió La Mesilla y se convirtió en dictador.
Es importante recordar esa parte de nuestra historia: cuando el sueño post-independentista había terminado, cuando el país estaba a punto de desintegrarse devorado por quienes se decían amigos. Supongo que se derramaron lágrimas de rabia e impotencia ante el vasallaje, las derramaron muchos o pocos, no sabemos, pero queda claro que no fueron los suficientes para evitar el desastre.
Hoy presenciamos las manifestaciones arrogantes de un país vecino que recobra su soberbia, amenaza constantemente y manifiesta su voracidad y ansia de dominio, y también presenciamos la actitud de miles de mexicanos a quienes esto no pareciera importarles. El desconocimiento de la historia o el conocimiento muy parcializado de ella, aunado a ese complejo de inferioridad o malinchismo está presente. En un escenario incierto y perturbador como el que México enfrenta actualmente, cada uno de nosotros somos los responsables de lo que mañana será historia.
viveleyendo.normabustamante@gmail.com