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Actualmente hay una fuerte tendencia, y eso es muy bueno, de resaltar la importancia de la inteligencia emocional y de la responsabilidad e influencia de ella en nuestra vida. Esto pareciera una moda o una novedad en la psicología. De la misma manera hay un regreso a considerar la importancia de los valores éticos como piedra angular para la felicidad del ser humano y por ende de la sociedad.
Nada de esto es nuevo, ya, los filósofos de la antigüedad hace más de 2000 años, habían manejado estos temas, considerados precisamente como los aspectos fundamentales de la existencia humana. Las emociones, mal manejadas, nos echan a perder nuestra paz y armonía aunque aparentemente tengamos todo para ser felices y el olvido de los valores fundamentales destruyen sociedades lentamente y sin remedio.
Debería ser que los seres humanos pudiésemos controlar nuestra propia vida, pero las emociones y las pasiones desbordadas nos convierten en juguetes de los eventos externos: Las costumbres sociales, los azares de la fortuna, provocan envidias y resentimientos e incluso odio, emociones altamente destructivas que anulan nuestras capacidades para razonar.
“Me hicieron enojar”, “me muero si me dejas”, “me deprimí porque me ganaron el puesto” son palabras y frases que forman parte de nuestra relación con el mundo y muestran que dependemos en gran medida de las circunstancias ajenas y de múltiples prejuicios, para estar tranquilos y en paz, y si bien es cierto que es humano tener miedo a la muerte, a la enfermedad y a la pobreza, hay otros miedos irracionales y tontos que sólo nos hacen perder el valioso tiempo de la vida.
Actualmente estamos viviendo una época que quizás sea el fin de un ciclo y el principio de una nueva era. Los cambios son vertiginosos y la fragmentación social, las guerras y la propia decadencia de las culturas, son motivos suficientes para sentir temor. Vivir con miedo es lo cotidiano y no debería serlo.
El miedo además del daño individual, provoca que actuemos poco y nos repleguemos y se manifieste en una pobre conciencia social que raya en la irresponsabilidad, olvidando que precisamente que es en esta época de cambios cuando surgen todas las posibilidades para corregir los caminos mal andados y construir y reconstruir nuestra sociedad.
Son momentos difíciles los actuales, ni duda cabe, pero es cuando debemos valorar nuestras posibilidades y no permitir que las emociones negativas inunden el escenario, al contrario, es mejor avanzar hacia el frente con todo lo que tenemos. No es nada difícil ni milagroso pronosticar como nos va a ir si seguimos cultivando los vicios o las virtudes y son los valores éticos los que guían a los pueblos y a las personas y definen hacia donde quieren llegar.
¿Podemos los seres humanos alcanzar la felicidad? O como dice Jean Paul Sartré, “Es una pasión inútil” Una pregunta enorme en la que se involucran todas las filosofías, las religiones y las ideologías políticas, pero indudablemente que la propia voluntad individual es definitoria, lo que esperamos de la existencia y lo que hacemos con nuestra propia vida es sobre lo que podemos influir.
Alejarnos de los prejuicios y las inercias sociales, no dar paso al pesimismo y sí abrirnos a la reflexión ética, a los valores de la vida y a las emociones positivas es un camino para que en medio de todos los procesos sociales inéditos que estamos viviendo, podamos ser más plenos y felices. Feliz nuevo año 2026.