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Nadie puede negar que el lenguaje es el fundamento del desarrollo de la civilización, esa complejidad extraordinaria de sonidos y grafías lo es todo, no hay cultura, ni ciencia, ni desarrollo, ni vida social, sin el lenguaje, aunque poco o nunca reflexionemos sobre esto: la importancia y dimensión de la lingüística en el ser humano.
Abrir esa reflexión sobre el lenguaje ahora es oportuno, cuando hablamos de soberanía y estamos atentos a los signos o señales que pudieran atentar contra ella, es momento de reconocer que el trato que le damos a la Lengua es parecido al que le damos a la Naturaleza, siempre ha estado allí, pareciera que es inmutable y poco nos damos cuenta de la forma lenta y soterrada con que la lastimamos.
Creo que uno de los más grandes fracasos de la educación contemporánea es que los estudiantes no saben ni quieren, leer y escribir bien, todas las reformas educativas han sido intentos de una solución que se anhela pero que no se ha logrado, es una aburrida asignatura escolar y lamentablemente no se ha entendido que la fuerza del lenguaje y su energía es lo que nos conecta con la fuerza de la vida.
¿Cómo podemos recuperar esta experiencia en medio de un mundo que se encuentra volcado totalmente hacia el consumismo y la superficialidad? pareciera imposible pero no lo es, bastaría con designar como eje central de todo proceso educativo desde el jardín de niños hasta la universidad, a la Literatura, que no es, como muchos creen el espacio exclusivo de la cultura y que no se puede concebir más que como la reina madre de las Bellas Artes o quienes como los profesionistas y técnicos que la consideran un entretenimiento.
Esto es un desenfoque total, la Literatura no debe ser un territorio exclusivo de las minorías, no debería ser un decorado como lo es, la Literatura es la dimensión donde la Lengua alcanza su máxima energía, sí es un arte, indudablemente, pero no es sólo eso, es el desarrollo humanístico que despierta, que revive a ese potente ser que tenemos dentro, cómo los hicieron los griegos que supieron culturizar el genio lingüístico de su pueblo.
Proponer a la Literatura como el eje central del desarrollo educativo, no es pensar que todos los profesionistas se conviertan en escritores, es integrarlos a todos los temas de especialización que se deseen desarrollar, es incorporar a la literatura como una práctica continuada y sistemática, eso sin lugar a dudas, da como resultado un enfoque totalmente de la vida, del mundo y de su propia profesión.
Las capacidades humanas son infinitas, pero es doloroso reconocer que generaciones de miles de estudiantes están egresando de todos los niveles educativos con una carencia enorme de valores, de imaginación, se sensibilidad. Es el momento de repensar en el lenguaje y por ende en la Literatura como la mayor fuerza de transformación existente y lograr esa experiencia que nos acerca a la vida y a la complejidad del mundo. No hay ninguna experiencia que se asemeje a ésta.
La Literatura provoca estados de conciencia integrales, y ese es el reto del sistema educativo actual, encontrar nuestra interioridad, al poder central de la vida, ese espacio donde se juega el verdadero sentido de nuestro destino, la dimensión de lo que antes se llamaba alma.
No debemos olvidar que la fuente y el origen de todo lo que hacemos y logramos está en cada palabra y en cada letra que encierran innumerables significados. Devolverle la soberanía a nuestra lengua es un camino imprescindible que no debemos desdeñar.
Lenguaje y Literatura, aprender a leer y escribir de mejor manera, no puede concebirse esto como algo funcional o como una materia más en el currículo escolar, debe entenderse como el camino de perfeccionamiento integral, como el camino para lograr la verdadera Soberanía, la de la conciencia total, la del conocimiento de la historia universal y de la historia nacional para entender qué somos, como individuos y como ciudadanos