Editorial

Violencia contra las mujeres

Por Redacción | jueves, 12 de marzo de 2026

EMX-Violencia contra las mujeres

Por Armando Maya Castro


Toda dinámica de violencia contra las mujeres debe ser visibilizada y atendida por el Estado. En México, estas situaciones persisten con preocupante frecuencia; de ahí que continúen registrándose elevados índices de agresiones y, en los casos más extremos y dolorosos, feminicidios.

También es importante reconocer que el problema no se circunscribe únicamente a nuestro país. La Organización de las Naciones Unidas ha señalado recientemente que, a escala global, el 38 % de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia digital, y que nueve de cada diez que participan en espacios en línea han presenciado ataques dirigidos contra otras mujeres.

En Brasil, la policía abrió una investigación e identificó al menos cuatro perfiles de TikTok responsables de publicar videos en los que incita a la violencia contra las mujeres.

El hecho resulta profundamente preocupante, pues muestra la manera en que algunos espacios digitales se han ido convertiendo en plataformas para normalizar e incluso promover la violencia contra las mujeres. Cuando contenidos de esta naturaleza circulan y se reproducen en redes sociales, no solo vulneran la dignidad de las mujeres, sino que también contribuyen a crear un clima de tolerancia hacia conductas que deberían ser rechazadas categóricamente por la sociedad y sancionadas por las autoridades.

Las cifras resultan preocupantes y evidencian que aún queda mucho por hacer para proteger a las mujeres frente a actitudes misóginas que vulneran su derecho a vivir una vida libre de violencia.

En el caso específico de México, el problema no se limita a los entornos digitales, sino que también se manifiesta en la vida cotidiana de muchas mujeres. Esto se refleja, por ejemplo, en el acoso callejero que enfrentan en el transporte público o en espacios abiertos; en la violencia dentro del hogar; en la discriminación laboral que limita oportunidades o salarios; y en situaciones de hostigamiento o intimidación en centros educativos y de trabajo. Estos hechos, que van desde conductas aparentemente “normalizadas” hasta agresiones graves, evidencian que la violencia contra las mujeres sigue siendo un desafío estructural que requiere atención constante de la sociedad y de las instituciones del Estado.