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Alguna vez alguien dijo que si Franz Kafka hubiera sido mexicano su obra literaria se clasificaría como literatura costumbrista, eso puede ser una broma, pero no habría que desdeñar esa comparación con el escritor cuya obra ha sido calificada como de las más singulares y trascendentes de la literatura moderna. Su estilo literario maneja el lenguaje del absurdo, tanto que se ha permitido acuñar el término kafkiano para definir lo que no tiene sentido, ni razón, ni explicación, lo absurdo.
Toda la obra de Kafka está saturada de situaciones intolerables, no es un escritor que abunde en la sicología de sus personajes, lo que privilegia Kafka es el ambiente, el ambiente opresor, desesperante, en el que el personaje irremediablemente pierde, en un infinito inalcanzable de situaciones y jerarquías también infinitas y también inalcanzables.
Postergación tras postergación los héroes de Kafka mueren interminablemente ante obstáculos tan simples pero que se convierten en insalvables. En su novela “El Castillo” el personaje es un agrimensor que llega a un pueblo sólo a hacer las mediciones de un castillo que se vislumbra muy cerca, sobre un cerro. Pasa su vida y nunca lo logra por situaciones menores, mínimas y que sin embargo, el castillo, a pesar de estar allí y verlo diariamente jamás encuentra la forma de llegar a él.
En su obra “El Proceso” el héroe de esta novela es sometido a un proceso abrumador e insensato y jamás logra saber el delito del que lo acusan, el tribunal que lo juzga es invisible y sin juicio ni nada por el estilo es condenado a muerte.
Todas las historias de Kafka se mueven en ese desesperante mundo de lo absurdo, no llegar, no poder, hablar sin ser escuchado, ese mundo de la fantasía que es increíblemente real se parece a esas pesadillas que alguna vez hemos tenido en las que caminamos en cámara lenta y no avanzamos o que queremos gritar y la voz queda atrapada en la garganta sin emitir ningún sonido.
Franz Kafka era judío y checoeslovaco, su niñez y su juventud estuvieron marcadas por la tiranía y la brutalidad de un padre que lo golpeaba y se burlaba de sus deficiencias, los padres golpeadores siempre han existido, incluso antes eran muy bien visto socialmente, golpear para educar fue durante mucho tiempo una regla de vida no totalmente desaparecida por cierto.
Kafka reconoció que toda su obra se deriva de ello, del dolor y la impotencia de vivir con un padre brutal, se suman a sus infortunios un amor desgraciado y la tuberculosis que le hizo pasar la segunda mitad de su vida en hospitales en busca de una cura que en esos tiempos no existía. No vivió ni cuarenta años.
Kafka escribía para sí, y le hizo prometer a su gran amigo Max Brod que nunca publicaría sus escritos. Brod lo escuchó e hizo la promesa porque no era cosa de contrariar a su amigo que moría devastado por el dolor,pero a la muerte de Franz reunió los múltiples escritos que su amigo había acumulado y los publicó. Gracias a esa desobediencia las novelas y los cuentos de Kafka fueron conocidos después de su muerte
Los personajes de Kafka retratan un mundo que existe y permanece en un infinito interminable ( pleonasmoseductor que no he podido evitar) creo que su obra literaria es el reflejo del mundo donde lo absurdo es parte de lo cotidiano y llega a ser parte de la normalidad, tanto que anula nuestra capacidad de asombro.
Hay un nuevo libro, recién publicado del autor Laurent Seksik, el libro se llama “Kafka no quiere morir” y si bien el título retrata los últimos meses de Kafka luchando por su vida, yo lo interpreto no de esa manera literal, sino del terrible mundo kafkiano que no quiere morir y que cada día es más evidente.