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Por Redacción | lunes, 18 de mayo de 2026
Por Norma Bustamante
Las redes sociales que parecieran ser ahora lo único válido para conocer la verdad, han caído en excesos que son una guerra feroz actualmente utilizada para intentar destruir a nuestros supuestos enemigos, No importa para esto incurrir en todas las falsedades que pudieran hasta contradecirse a sí mismas. La exageración le cede el paso a la mentira y en política, lo que pudiera haber sido una buena competencia de ideas se convierte en un sucio ring de perversidades y calumnias.
Esto no es nuevo, quizás sea tan viejo como la humanidad misma, sin embargo cuando el arte de la calumnia floreció y se manifestó con todo su poderío fue en el siglo dieciocho en Francia, durante cuatro regímenes del reinado de Luis XV al de Luis XVI. En esta época la calumnia era el arma mortal más temida que se difundía a través de publicaciones llamados “libelos”. Estos han merecido serios estudios de especialistas y eruditos en la materia y aunque parecieran más novelas de detectives plenas de intrigas, fueron consideradas en su tiempo verdades absolutas que llevaron a destruir gobiernos y personas a la horca.
Indudablemente que el “libelo” francés, es el tatarabuelo o algo así, del ataque moderno a través de las redes sociales, pero ambos tienen importantes coincidencias a pesar de su diferencia abismal en el tiempo: El modo tendencioso e impreciso de manejar un elemento de verdad para transformarlo en mentira y además el aprovechamiento de la subcultura e ignorancia del público a quién va dirigido. Y cuando hablo de subcultura sé que uso un término ofensivo pero todos en mayor o menor medida somos subcultos en muchos asuntos y temas. La subcultura a que me refiero ahora específicamente, tiene que ver con nuestros pobres conocimientos de historia y de la inmediatez que manifestamos al elaborar juicios sin tener elementos suficientes para hacerlos. Entre la credulidad, la inocencia y el morbo que nos caracteriza como seres humanos, vamos creando mitos, símbolos y patrañas que nos alejan de una realidad que merecería de todos nosotros un mayor esfuerzo y capacidad de análisis.
Estos mitos a que me refiero crean perfiles falsos de las figuras públicas, siempre ha sido así, sólo que ahora a través de los modernos métodos de comunicación el escándalo se difunde a mayor escala y la personalización de la política se ha vuelto más perversa. Habrá quienes digan que es todo lo contrario y que es, gracias a estas difusiones como podemos tener un conocimiento mejor de las figuras públicas. Yo no lo creo así, la calumnia ha sido siempre un negocio ruin, se destruyen reputaciones, deslegitima gobiernos e incluso los derroca.
Otra coincidencia entre los viejos libelos y los modernos ataques cibernéticos, es que normalmente son generados por personajes de poco relieve o anónimos. Se concentran sobre todo en las vidas privadas, son difamatorios, tendenciosos, perversos e indecentes, es por eso que son consumidos vorazmente por ávidos lectores. Es, y no hay manera de negarlo, una variedad muy seductora del periodismo que aunque carece de fuentes confiables y es mentiroso, encuentra en la “opinión pública” una gran aceptación.
El problema es creerlo y fundamentar en ello las decisiones importantes que habrán de conducir nuestra vida social. La continuidad o el cambio de un gobierno radica en el poder de nuestra decisión. De ahí la fuerza del “libelo” moderno. Apreciar la verdad en medio de esta maraña de desinformación y retórica malintencionada es difícil. El asesinato de una reputación es muy sencillo pero más allá de eso, el peligro es que los temas importantes se reducen a un juego de personalidades y se evaden las consideraciones complejas por supuesto, de los asuntos serios.
Los gobiernos son vulnerables a las palabras y un buen número de ellas bien colocadas pueden movilizar a esa misteriosa fuerza llamada “opinión pública”. Todos somos parte de esa opinión pública y ante el cúmulo de información y desinformación generalizada, no nos queda de otra más que aprender a diferenciar entre buen análisis aunque no nos guste o no estemos de acuerdo y la burda literatura de difamación que predomina sobre todo en las redes sociales y que privilegia el arte de la calumnia.
viveleyendo.normabustamante@gmail.com