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Sociales | lunes 08 de junio
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Por Redacción | lunes, 8 de junio de 2026
Una gran parte del mundo se niega a reconocer lo que genéricamente se conoce como diversidad sexual, un tema candente y muchas veces prohibido. Si bien en los últimos años la visibilidad de los grupos LGBT ha aumentado de manera considerable y con ello su exigencia por la obtención de sus derechos, aún no es suficiente, pues su lucha sigue enfrentando todo tipo de discriminaciones.
No entender y aceptar la diversidad sexual es no querer ver la realidad y, junto con ello, propiciar la injusticia. Esta injusticia va desde la falta de respeto, la ofensa y la humillación social hasta actos criminales bajo argumentos de enfermedades, pecado o crimen contra la naturaleza. Reflexionar sobre este tema es imprescindible porque no hacerlo es negar una realidad que va más allá de las opiniones personales; hay una variada gama de orientaciones sexuales y de autopercepciones de género, y no entenderlo no elimina su existencia. Esto ha existido siempre, desde el inicio de la humanidad, sólo que ahora esa parte de la población exige sus derechos.
Hace algunas décadas, hablar de matrimonio igualitario era impensable, lo mismo establecer el concepto de identidad de género. Hay batallas como éstas que han sido ganadas, así como la adopción o el cambio quirúrgico de sexo que ha costado años y esfuerzos legales sin precedentes. Sin duda, los avances y los logros jurídicos protegen a la comunidad LGBT con la instauración de políticas públicas de lucha contra la discriminación por razones de orientación sexual, pero no es suficiente.
La lucha más fuerte es intangible; los tabúes y las ideas concebidas acerca de la “normalidad sexual”, los modelos de familia y el esquema binario de masculino-femenino que define como anormal todo lo que no se sujete a esa dualidad es la gran tarea pendiente. El reto al que se enfrentan las comunidades LGBT es que, sin un verdadero cambio en los niveles de conciencia individual y colectiva, no es posible construir una verdadera sociedad inclusiva. La apertura más grande en torno a la diversidad sexual ha sido paralela a la aceptación de otros modelos de familia antes también impensables, como la desestigmatización del divorcio, las familias monoparentales o las familias ensambladas.
La desconfianza y el rechazo que aún existe hacia el universo de la diversidad se manifiesta también en el plano del lenguaje que utiliza palabras ofensivas para manifestar la homofobia. Los términos despectivos para referirse a la población homosexual se convierten rápidamente en insultos; esa es otra tarea nada sencilla: desarticular esas palabras que son mecanismos arraigados en el habla para agraviar y ofender. El discurso homofóbico ha naturalizado creencias y las ha hecho pasar como verdades inamovibles.
Aun en muchas partes del mundo la homosexualidad es ilegal y castigada incluso con la muerte. Una de las principales regiones de la homofobia de Estado se encuentra en Oriente Medio y el Norte de África, donde la religión es el Islam. Son sociedades patriarcales en las que las mujeres están totalmente subordinadas a los hombres de la familia, y el adulterio femenino puede ser castigado hasta con pena de muerte, así como la homosexualidad.
El mundo parece marchar en direcciones opuestas; mientras que en muchos países la visibilidad gana terreno día a día, en otros pareciera que aumentan las condenas. Junio es el mes del Orgullo, un homenaje a quienes luchan por vivir la vida como la sienten, en busca de sus sueños y oportunidades.
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