Editorial

Perspectiva: Las veleidades del lenguaje

Por Redacción | lunes, 27 de julio de 2026

EMX-Perspectiva: Las veleidades del lenguaje



Responder a las dudas e interrogantes acerca del buen hablar o del correcto uso del lenguaje no es fácil. Las respuestas a esas interrogantes contradicen en muchas ocasiones la elemental gramática o la lingüística más profunda, sin embargo eso es simplemente porque a pesar de los esfuerzos de la Academia Española de la Lengua por preservar las reglas, los idiomas están vivos y corresponden a sus épocas, a sus necesidades y a su propio devenir. El tiempo se encarga de poner todo en su lugar.

Y este asunto es todo un tema, porque constantemente estamos viendo que nuestro lenguaje cambia y de pronto no sabemos si estamos hablando bien o estamos atropellando el castellano. Hay que entender que la riqueza del idioma aumenta sin parar, hay que verlo de esa manera, el léxico va desplegando sus posibilidades y surgen nuevas palabras por distintos motivos.

El primero es que aparece un nuevo objeto como en su tiempo televisión, teléfono, internet. Esas palabras quedan incorporadas de inmediato al idioma así como nuevos conceptos: ciberespacio, transfinito.etc. Palabras que corresponden a una etapa de la ciencia y que antes no existían.

Pero el idioma se transforma no sólo por esas causas científicas, sino por distintos motivos que surgen de los nuevos modelos de sociedad. La necesidad de evitar equívocos, de refinar la comunicación, de presumir o convencer, todo esto crea variaciones o formas lingüísticas que hoy nos parecen muy simples, que ya las usamos cotidianamente y tienen un origen eminentemente social.

Los diccionarios son testigos de esos esfuerzos por precisar y reforzar los aspectos comunes de los significados. Si se comparan los diccionarios antiguos con los modernos, se ve que estos han ganado en rigor y precisión, pero han perdido vitalidad y desenfado. Un ejemplo casi increíble de los diccionarios antiguos es el de una definición publicada en 1860 por el Nuevo Diccionario de la lengua Castellana que define la palabra “Pudor” de la siguiente manera: “El honor de la mujer, colocado por cierto en muy resbaladizo y vidrioso declive, en harto y periculosa pendiente y destinada a insubsanable fracaso”.

Estos diccionarios han quedado, anticuados y desprestigiados. Los actuales sólo intentan formalizar el lenguaje, subrayar los aspectos estructurales del léxico y definir las palabras según patrones muy estrictos. Sin embargo ningún diccionario puede aspirar a cubrir la enormidad de los significados del lenguaje que comprende mucho más que palabras sino que encierra el mundo de la inteligencia y del mundo de la vida.

Una sociedad se integra por costumbres, intereses, preferencias, relaciones y es el idioma el que los representa, por eso, debe estar vivo, abierto a la inclusión de nuevos vocabularios cuyos significados correspondan a la realidad. Nuestro comportamiento lingüístico tiene un motivo, a veces lejano, oculto o sorprendente y si hurgamos en esos vericuetos del pasado de los lenguajes encontramos historias conmovedoras y apasionantes.

En el lenguaje de la ciencia se concentran los significados de las palabras, en el lenguaje de la poesía se estimula la dispersión de esos significados y eso, los poetas lo saben muy bien, abre las puertas a otros escenarios que tienen que ver con los sentimientos y con las infinitas posibilidades humanas para vivir las emociones. Son lenguajes distintos, el de la ciencia, selecciona, restringe y refuerza, el de la poesía, da apertura a todas las interpretaciones.

Necesitamos una teoría humanística del lenguaje que sea paralela a la velocidad de la lengua real porque las estructuras básicas del lenguaje limitan la subjetividad, tal vez necesitamos una teoría del lenguaje que profundice en los misteriosos recursos de la comunicación, por eso, abrirse a las nuevas formas, a las nuevas realidades, no contradice ni lesiona a nuestra espléndida lengua castellana, al contrario, esa apertura la enriquece y la magnifica.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com