Vehículo vuelca en la glorieta del Monumento México
Policiaca | martes 07 de abril
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Por Redacción | martes, 7 de abril de 2026
Por Armando Maya Castro
MONTERREY, NL.- Ayer se cumplieron cien años del inicio del resurgimiento de la Iglesia de Cristo, un acontecimiento que, según la historia de la Iglesia La Luz del Mundo, tuvo lugar el 6 de abril de 1926.
De acuerdo con su fe, ese día se escuchó nuevamente la voz de Dios en la tierra. En la ciudad de Monterrey, Nuevo León, fue llamado al Apostolado Eusebio Joaquín González, un hombre de origen humilde, a quien se le anunció: “Tu nombre será Aarón; lo haré notorio por todo el mundo y será bendición”.
Este hecho marcó el inicio de una etapa de gracia y bendición, dando origen a una obra de restauración con promesa de crecimiento que, con el paso del tiempo, se extendería por el mundo.
Desde entonces, generaciones de fieles han asumido la tarea de preservar y transmitir ese legado, encontrando en él guía, identidad y propósito. En este proceso, la feligresía ha desempeñado un papel fundamental como transmisora de la fe.
A lo largo de estos cien años, la Iglesia ha crecido bajo la guía de tres apóstoles de Jesucristo: Aarón, Samuel y Naasón Joaquín. En cumplimiento de la promesa de Dios, su presencia se ha extendido por el orbe, alcanzando diversas regiones y contextos culturales.
Este desarrollo no ha estado exento de desafíos. Sus integrantes han enfrentado diversas manifestaciones de intolerancia religiosa que, lejos de debilitar su fe, han contribuido a fortalecerla, así como su cohesión comunitaria.
Con el paso del tiempo, los fieles han reafirmado sus convicciones y han consolidado una identidad basada en valores y principios espirituales que promueven la formación de buenos cristianos y ciudadanos comprometidos con la sociedad.
A un siglo de distancia, la Iglesia celebra los logros espirituales y materiales alcanzados en esta centuria: templos edificados para la gloria de Dios, celebraciones de la Santa Cena, bautismos masivos y diversas acciones sociales.
Al cumplirse cien años, la conmemoración adquiere un significado especial. Más allá del hecho histórico, representa para sus creyentes la continuidad de una manifestación de fe que ha marcado a diversas generaciones.
En el inicio de esta celebración en Monterrey, los fieles mantienen una visión de futuro sustentada en la esperanza y en su compromiso de permanecer fieles en el camino trazado por Cristo.