Editorial

Crisis del debate público y del ejercicio periodístico

Por Redacción | jueves, 30 de abril de 2026

EMX-Crisis del debate público y del ejercicio periodístico

Por Armando Maya Castro


El derecho a ofender no existe; sin embargo, esta práctica es constante en distintos ámbitos como la política, el análisis y la prensa.

Algunos políticos, en lugar de dialogar, optan por la descalificación, degradando así el nivel del debate público. De igual forma, algunos analistas y periodistas tienden a ofender sin contar con fundamentos que justifiquen la denigración.

La ofensa es una constante en la arena política, más allá de los colores partidistas. En todos los espacios políticos hay quienes, en lugar de debatir con argumentos, descalifican al adversario recurriendo al agravio, empobreciendo así la calidad del intercambio público.

Esta práctica suele desplazar el diálogo constructivo, además de polarizar a la ciudadanía, debilitando de paso la confianza en las instituciones. Con frecuencia, la confrontación se impone sobre la deliberación, y el ataque personal sustituye a las ideas, reduciendo la política a un terreno de descalificaciones estériles en lugar de un espacio para la búsqueda de soluciones.

Sucede lo mismo en los medios de comunicación, donde con frecuencia se recurre a la ofensa contra las personas e instituciones que están en el ojo del huracán, privilegiando el juicio mediático sobre el análisis riguroso.

El problema radica en la emisión de calificativos ofensivos, aun cuando la labor informativa debería ceñirse a principios éticos en cualquier investigación que se realice. Cuando el lenguaje se vuelve descalificador, se desdibuja la frontera entre informar y opinar, y se compromete la credibilidad de quienes comunican.

La prisa por emitir juicios, muchas veces sin sustento suficiente, sustituye al rigor, y el señalamiento termina por imponerse sobre la verificación de los hechos. De esta manera el ejercicio periodístico pierde su función de esclarecer y contextualizar, para convertirse en un espacio de condena anticipada que afecta tanto a las personas involucradas como a la confianza del público.