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Por Redacción | martes, 8 de septiembre de 2026
Las inspecciones de instalaciones alimentarias extranjeras han caído casi 35% desde 2019, mientras un brote de cyclospora vinculado a lechuga mexicana pone nuevamente bajo escrutinio la supervisión de los productos importados.
WASHINGTON.- El brote de cyclospora asociado con lechuga contaminada en Estados Unidos ha puesto nuevamente bajo la lupa los controles sanitarios de los alimentos importados, en un momento en que las inspecciones internacionales de la FDA registran una disminución sostenida.
Los registros de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) revisados por The Associated Press muestran que las inspecciones realizadas en instalaciones alimentarias fuera del país han disminuido casi 35% desde 2019, antes de la pandemia de COVID-19.
La reducción comenzó después de que la pandemia provocara jubilaciones y salidas de inspectores de la agencia, una situación que, según exfuncionarios, continúa afectando su capacidad operativa. A ello se suman recortes de personal, reorganizaciones y cambios administrativos ocurridos durante el gobierno del presidente Donald Trump.
Michael Rogers, quien trabajó durante casi 35 años en distintos cargos de inspección de la FDA, consideró que los recursos disponibles no son suficientes para cubrir la responsabilidad de supervisar a las empresas nacionales e internacionales bajo competencia de la agencia.
"Cuando se observan las cifras de inspecciones en relación con la responsabilidad de la FDA —en relación con todas las empresas, nacionales e internacionales, bajo su supervisión—, la agencia simplemente no puede lograr lo que se requiere", afirmó Rogers, aunque reconoció que el organismo continúa realizando muchas tareas "muy bien con recursos limitados".
Entre las propuestas del gobierno de Trump se encuentra un programa piloto de inspecciones de un solo día. Sin embargo, Rogers y otros exfuncionarios advierten que este tipo de revisiones no necesariamente ofrecen el mismo alcance que las inspecciones tradicionales, las cuales pueden prolongarse durante una semana o más cuando se investigan problemas graves.
La FDA ha sostenido durante años que las inspecciones representan solo una parte de su estrategia para garantizar la seguridad de los productos que ingresan al país. Susan Mayne, exdirectora de alimentos de la agencia y actualmente vinculada con la Universidad de Yale, señaló que el enorme volumen de importaciones obliga a utilizar también controles fronterizos, inspecciones a importadores y muestreos.
Sin embargo, el actual brote de cyclospora relacionado con lechuga iceberg ha evidenciado algunas de las dificultades de ese sistema. En julio, la FDA tuvo que retirar un resultado de laboratorio después de determinar que una prueba que supuestamente había detectado el parásito en una muestra de lechuga de Taylor Farms, obtenida en la frontera, era errónea.
Pese a ese error, funcionarios estadounidenses aseguran mantener su confianza en que una granja de Taylor Farms en México es el origen del parásito que ha provocado el brote. Las autoridades sanitarias mexicanas, por su parte, han señalado que no han encontrado muestras positivas ni otras señales de alerta en las instalaciones.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos, organismo del que depende la FDA, indicó que la investigación continúa. Mientras tanto, la agencia analiza cuántas inspecciones internacionales debería realizar cada año para mantener una supervisión comparable a la aplicada al suministro de alimentos estadounidense.
La visita a la granja mexicana llegó semanas después del retiro
Inspectores de la FDA llegaron a las instalaciones de Taylor Farms en Guanajuato, México, a mediados de agosto, aproximadamente cuatro semanas después de que se anunciara el retiro del mercado, el 17 de julio.
La visita representó el primer ingreso de inspectores al sitio desde 2019, año en que la FDA alcanzó su mayor número de inspecciones alimentarias internacionales antes de retirar a buena parte de su personal de campo durante la pandemia.
Las inspecciones de alimentos, medicamentos, dispositivos médicos y otros productos todavía no recuperan aquellos niveles. En el caso específico de los alimentos en el extranjero, el descenso continuó durante el último año fiscal, cuando se realizaron 1,140 inspecciones, 17% menos que el periodo anterior.
Aunque los inspectores no estuvieron incluidos entre los 3,500 puestos de trabajo señalados para ser eliminados por el gobierno de Trump, la FDA redujo a más de la mitad el personal encargado de administrar las reservas de viaje. Como consecuencia, muchos inspectores deben gestionar directamente vuelos, alojamiento y otros aspectos logísticos de sus recorridos.
Frank Yiannas, quien ocupó un cargo principal en materia de seguridad alimentaria dentro de la FDA, consideró que la respuesta al brote debió ser más rápida, debido a la naturaleza de los productos frescos y a la rapidez con la que pueden cambiar las condiciones de contaminación.
"Nos tomó demasiado tiempo poner personal sobre el terreno", manifestó Yiannas. "Cuando estos brotes ocurren en productos frescos, hay que responder rápido porque son ecosistemas muy complejos y cambiantes".
El retiro de Taylor Farms incluyó miles de productos de ensaladas empaquetadas que contenían lechuga iceberg combinada con otras verduras. Los alimentos habían sido distribuidos en importantes cadenas de restaurantes estadounidenses, entre ellas Yum Brands, propietaria de Taco Bell, Pizza Hut y KFC.
Los registros de la FDA indican que las empresas han anunciado más de 480 retiros de alimentos durante el actual año fiscal, cifra que ya supera a cuatro de los cinco años anteriores.
La FDA tampoco ha alcanzado sus metas de inspección
El problema de la supervisión internacional no es nuevo. La aprobación de la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria de 2011 estableció nuevas exigencias de pruebas, capacitación y vigilancia de las condiciones sanitarias en las granjas, después de varios brotes mortales relacionados con alimentos como espinaca y melón cantalupo.
La legislación también estableció objetivos para las inspecciones de instalaciones alimentarias extranjeras, pero la FDA nunca ha conseguido cumplirlos.
La ley establece que el organismo debe inspeccionar más de 19,000 instalaciones internacionales de alimentos cada año. Sin embargo, su máximo histórico fue de aproximadamente 1,700 inspecciones en 2019, menos de una décima parte de la meta establecida por el Congreso, de acuerdo con la Oficina de Responsabilidad Gubernamental.
Exreguladores consideran que la cifra fijada por la ley es prácticamente imposible de alcanzar y señalan que el Congreso tampoco ha destinado recursos suficientes para cumplirla. La GAO ha observado además que la FDA no ha establecido un objetivo anual que considere apropiado para sus inspecciones internacionales.
La falta de personal representa otro obstáculo. La fuerza laboral dedicada a las inspecciones alimentarias supera los 420 empleados, aunque entre 10% y 15% de las plazas han permanecido vacantes de manera constante, según la GAO y exintegrantes de la agencia.
Los inspectores que realizan labores internacionales pueden pasar más de la mitad de su jornada laboral viajando, una exigencia que durante años ha contribuido a la rotación del personal.
Rogers advirtió que, sin mejores incentivos para conservar a los empleados, la FDA podría continuar enfrentando una elevada salida de personal y depender cada vez más de investigadores jóvenes y con menor experiencia.
"Hasta que se pueda incentivar mejor a la gente para que permanezca en esos puestos, creo que la agencia seguirá viendo una alta deserción, investigadores más jóvenes y con menos experiencia", sostuvo. Según explicó, esto podría terminar afectando la capacidad del organismo para incrementar y fortalecer sus inspecciones.
Ante estas limitaciones, especialistas plantean recurrir a herramientas como el aprendizaje automático y el monitoreo remoto de las prácticas de proveedores extranjeros para complementar las inspecciones presenciales.
"Tenemos que replantearnos cómo supervisamos la seguridad de los productores extranjeros", señaló Yiannas. "No podemos usar los mismos enfoques y herramientas limitadas que hemos utilizado durante los últimos 30 años".
Otro pendiente corresponde a la trazabilidad de los productos agrícolas. La ley de 2011 impulsó el uso de códigos de barras en los lotes para facilitar su identificación y retiro en caso de contaminación. La medida debía comenzar a aplicarse en enero, después de años de discusiones y revisiones con la industria, pero la FDA volvió a retrasar su implementación ante la oposición del sector.
Brian Ronholm, exfuncionario del Departamento de Agricultura y actual integrante de Consumer Reports, cuestionó que una medida con tantos años de preparación continúe sin implementarse.
"Se reconoce ampliamente que estos son temas complejos, pero cuando tienes 17 años para prepararte para un examen final deberías poder aprobarlo", afirmó.
Con información de Proceso.