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Propietario de café Aquamarino en Playas sin responsabilizarse de las víctimas
Por Sergio Carrillo | martes, 24 de septiembre de 2024
Una de las afectadas señala que ha tenido que costear de su propio bolsillo las cirugías de ella y su hija menor
TIJUANA.- Fue hace más de un mes que el segundo piso del café Aquamarino en Playas de Tijuana colapsó. La tarde del 14 de agosto, Katia Luna había acudido junto a sus dos hijas pequeñas, su mamá y su hermano a pasar el rato después de un tiempo de no verlos. Nunca se hubiera imaginado el traumático momento que vivirían.
“Subimos directo a la terraza, mi mamá ya estaba ahí, sólo la llevé yo y no pasaron ni cinco minutos de que nos trajeron las bebidas cuando el techo se desplomó. Caímos hasta el primer piso, fue algo muy rápido, no hubo manera de hacer nada, sólo caímos y ya”, relató la afectada.
A raíz del colapso, su hija menor, de 6 años de edad, tuvo fractura y desplazamiento de húmero en su brazo izquierdo. En cirugía le fueron colocados clavos TEN, por lo que tendrá que volver a pasar por quirófano pronto para culminar su tratamiento.
Katia, por su parte, sufrió fractura en el radio y en el cúbito de su brazo derecho, la articulación fue comprometida. Además de madre de familia, es maestra de secundaria y maestra de danza folclórica, ocupaciones que a pesar de tener movilidad, no ha vuelto a ejercer desde entonces. Angustiada porque la lesión se agravara con el pasar del tiempo, acudió a operarse por la vía privada.
“Caí, todo mi peso cayó ahí, el hueso se pulverizó. El cirujano me dijo que tal vez ni siquiera había hueso suficiente para reconstruir, era una cirugía planeada para 2 horas, duró casi 5. Estaba planeado solamente una placa y 2 clavos, me pusieron 8 clavos y la placa de titanio”, explicó.
Aseveró que hasta el momento, la vasta mayoría de los gastos médicos de ella y su hija, han sido costeados de su propio bolsillo. Más allá del acercamiento del propietario del café con su abogada para ofrecer su apoyo, esta persona no ha vuelto a tener comunicación con ellas, mientras que su negocio abrió nuevamente sus puertas en el área del estacionamiento.
“Es indignación, es molestia, es impotencia, de saber que yo perdí mi trabajo por el accidente, mi hija no ha podido ir a la escuela, seguimos incapacitadas, podemos movernos pero las limitaciones sí son muy marcadas y que esta persona no se ha hecho responsable y aparte tiene el cinismo de anunciar la reapertura del café, y de anunciar que está muy feliz festejando su cumpleaños mientras no ha tenido la humanidad de enterarse de cuál es nuestra situación médica”, reclamó Katia.
El local original continúa clausurado, pero los comensales pueden llegar por café al estacionamiento de la zona. Katia Luna sigue esperando que el responsable del establecimiento pague los gastos médicos que ella ha tenido que costear desde entonces.
“Esa es la intención, que como mínimo se hagan responsables de los gastos que hemos tenido y que vamos a seguir teniendo porque nuestras lesiones requieren fisioterapia, vamos como a mitad del camino”, culminó.
Hasta el momento, el propietario o voceros del café Aquamarino no han brindado una respuesta o un posicionamiento respecto a estas declaraciones.