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¿Hasta dónde ha llegado la inteligencia artificial?; La delgada línea entre innovación y la tergiversación de la información. La historio de Gio Zamora.
Por Redacción | viernes, 16 de enero de 2026
En los últimos años, la inteligencia artificial ha tomado un rol protagónico en el desarrollo de nuevas tecnologías. Ha sido una herramienta de apoyo en múltiples áreas: desde la educación y la ciencia, hasta el entretenimiento y la comunicación. Sin embargo, junto con sus ventajas, la IA también ha abierto la puerta a un problema cada vez más evidente: la confusión y la desinformación para los ciudadanos.
¿Cuántas veces no has visto un video en redes sociales y has creído que es real, para después descubrir que se trataba de un montaje hecho con inteligencia artificial? En muchos casos puede resultar divertido cuando se usa con fines de entretenimiento. El problema surge cuando esta tecnología se traslada al terreno de la información y las noticias.
¿Qué pasaría si el periodista que sigues, el que te informa todos los días, en realidad no existe?
Este escenario ya no es una hipótesis. En los últimos meses comenzó a circular en redes sociales el nombre de GIO ZAMORA, un supuesto periodista que, a simple vista, parece un profesional de mediana edad, con voz firme, presencia seria y un discurso convincente. Publica noticias cada ciertos minutos, reporta información de última hora y aborda temas de interés nacional e internacional. Sus videos han alcanzado millones de reproducciones en TikTok, superando incluso a periodistas de renombre.
¿Sus fuentes? Desconocidas.
Lo que sí es un hecho es que GIO ZAMORA es un personaje creado con inteligencia artificial.
En uno de sus videos, el propio avatar afirma que el 80% de su contenido es generado con IA, y aclara que “él” es una persona real que solo edita sus videos. Sin embargo, en ese mismo material se pueden notar inconsistencias visuales y de expresión que dejan claro que el video también fue creado con inteligencia artificial. Es decir, incluso cuando intenta “aclarar”, termina engañando.
Lo verdaderamente preocupante es que la mayoría de sus seguidores no sabe que se trata de un avatar. Muchos creen que están consumiendo información de un periodista real, confiable y con credibilidad. Esto demuestra que cualquier persona con las herramientas adecuadas podría crear un personaje similar para tergiversar información, manipular narrativas o difundir noticias falsas.
Cabe hacerse otra pregunta incómoda:
¿Existe la posibilidad de que detrás de este avatar haya un periodista real que, por miedo, decide ocultar su identidad?
No es un secreto que muchos comunicadores que cubren temas de delincuencia organizada o corrupción temen dar la cara por razones de seguridad. En ese contexto, el uso de un avatar podría parecer una solución. Pero si ese fuera el caso, ¿por qué no decirlo con claridad? ¿Por qué no advertir desde el inicio que se trata de un personaje digital, aunque la información sea real?
Aquí es donde la línea ética se rompe.
No advertir, no aclarar y jugar con la percepción del público no es protección: es engaño. Y cuando se engaña deliberadamente, se traiciona la confianza de la audiencia.
La inteligencia artificial no es el enemigo. Tiene ventajas enormes: agiliza procesos, amplifica contenidos y democratiza el acceso a la información. Pero sin transparencia y responsabilidad, también se convierte en una herramienta peligrosa.
Porque si hoy un avatar puede hacerse pasar por periodista,
¿qué pasará mañana cuando este poder llegue a manos equivocadas?
Una investigación de Victor Lagunas y María Arreola