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El pelotero padeció un desgarro de grado 3 en el oblicuo izquierdo ocurrido durante la recuperación de una cirugía de codo
LOS ÁNGELES- Atrapado en el tráfico de Los Ángeles el 26 de mayo, Kiké Hernández experimentó algo que nunca antes había sentido: su primer ataque de ansiedad.
Acababa de recibir un mensaje de texto que confirmaba un desgarro de grado 3 en el oblicuo izquierdo, una lesión grave que se produce apenas dos partidos y cuatro turnos al bate después de una agotadora recuperación de una cirugía de codo a la que se sometió fuera de temporada.
"Apenas podía hablar", recordó Hernández, teniendo que llamar a su esposa para que lo calmara. "Le dije: 'Mira, esto es lo que pasó. No sé qué le ocurre a mi cuerpo. Quizás soy demasiado viejo'. Pero solo con oírla me tranquilicé. Respiré hondo un par de veces y me sentí bien".
Ahora, un mes antes de lo previsto inicialmente (tres meses), el jugador polivalente, muy querido por la afición, regresa oficialmente a la plantilla activa de los Dodgers. Los Dodgers activaron a Hernández de la lista de lesionados de 10 días y enviaron al jugador de cuadro Alex Freeland a la filial Triple-A de Oklahoma City como movimiento correspondiente.
Su regreso genera una mezcla de entusiasmo y angustia, especialmente teniendo en cuenta cómo terminó su última etapa en la plantilla activa poco después de comenzar.
"Mucho nerviosismo", admitió Hernández. "La última vez que estuve aquí... les estaba contando lo bien que me sentía, pero también me estaba conteniendo un poco porque me había resentido del oblicuo durante la práctica de bateo. Siento que todo va bastante bien ahora mismo; intento mantener mi promedio de bateo de 1.000 y estoy feliz de estar de vuelta con los chicos".
El diagnóstico de grado 3, que suele requerir varios meses de recuperación y a menudo cirugía, hizo que Hernández temiera lo peor. Incluso las actividades cotidianas más simples, como toser o estornudar, le causaban dolor.
Pero para acelerar su recuperación, la afrontó con extrema disciplina, combinando el tratamiento con células madre con sesiones diarias en cámara hiperbárica, saunas, baños de agua fría y ejercicios específicos para el tronco, todo ello sin dejar de lado su característico sentido del humor para sobrellevar el periodo de inactividad.
Además de mantener un ambiente relajado en el vestuario, Hernández reconoció la eficacia del plan del personal médico y se centró en mantenerse presente. Tras siete partidos de rehabilitación y 20 turnos al bate adicionales entre Arizona y Los Ángeles, una tomografía realizada seis semanas después confirmó que el desgarro principal había sanado por completo.