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En la noche oscura de los tiempos que oculta las vidas de las mujeres trascendentes, brilla venciendo la oscuridad, la figura de una de las mujeres mexicanas más importantes en la cultura cuyo nombre pocos recuerdan y su obra no ha sido reconocida ni siquiera por los que heredaron su patrimonio cultural. Antonieta Rivas Mercado.
Nació en el año de 1900, hija de Antonio Rivas El Oso, el arquitecto porfirista, millonario que entre otras obras construyó el Monumento a la Independencia en Paseo de la Reforma, más conocido como la estatua del Ángel. Adorada por su padre, consentida, rica y en medio de una esplendorosa vida, ya que la Revolución Mexicana no lastimó la fortuna ni la paz de los Rivas Mercado, Antonieta fue una mujer totalmente distinta y excepcional a las mujeres de su tiempo. Poseedora de un talento natural para la danza y la literatura, dominando cinco idiomas, dedicó su juventud y su vida a apoyar los incipientes movimientos culturales posrevolucionarios que surgieron en este país. Después del caos de la revolución no había en México nada organizado en el campo de las artes y fue el entusiasmo, la dedicación y la fortuna de Antonieta lo que logró que arrancara la cultura en México en la segunda década del siglo pasado.
Patrocinó el Teatro Ulises, apoyó y publicó la obra de Salvador Novo, de Xavier Villaurrutia, de Gilberto Owen, de Clementina Otero y mantuvo estrechas y fructíferas relaciones culturales con Diego Rivera, Tina Modotti y el Dotor Atl entre otros. Organizó un patronato para la creación de la Orquesta Sinfónica de México bajo la dirección de Carlos Chávez y no hubo artista de esa época que no fuera tocado por la generosidad de esa mexicana que no reparaba en nada para apoyar la cultura. Su dinero y su tiempo eran para eso. Hablar de la vida de Antonieta Rivas Mercado como promotora cultural extraordinaria y pionera de proyectos culturales en este país daría material para infinidad de libros, sin embargo, no son tantos, y los que la recuerdan le escatiman sus méritos
¿Será porque Antonieta Rivas Mercado tuvo una vida amorosa que rompió con los cánones de la época? Los valores morales ancestrales de una sociedad hipócrita fueron sacudidos por esta mujer que dotada de una inteligencia excepcional y abandonada por su madre desde los trece años, adquirió una sorprende madurez que hizo que a los 17 se enamorara por primera vez del que creyó sería el único hombre de su vida aunque no fue así, Albert Blair, padre de su único hijo. Muy pronto se dio cuenta de su error, sin embargo y a pesar de su divorcio la persecución del exmarido, la pelea por la custodia del hijo y los problemas legales por esos motivos la amenazaron durante toda su vida. Pero el segundo descalabro amoroso fue peor, le entregó el corazón al pintor más irreverente de ese momento: Manuel Rodríguez Lozano. Leyendo las cartas que ella le enviaba y que él nunca contestó, cuesta trabajo entender ese amor bárbaro, bestial, hacia el hombre que no pudo quererla nunca por su tremendo egoísmo o porque era abiertamente homosexual.
Y el colmo: José Vasconcelos. El gran educador de México, el hombre que marcó la historia de este país por su visión, sus acciones y sus transformaciones en la educación mexicana, también la usó. Cuando él se acerca a ella es para pedirle su automóvil para entrar triunfante a la ciudad de México ya como candidato a la presidencia, -así se conocieron-. Ella volvió a sentir el chispazo de la pasión y se entregó de nueva cuenta en cuerpo, alma y fortuna, porque le financió la campaña, recorrió con él los áridos caminos del país en medio de balaceras y amenazas que ella ya no identificaba si eran del presidente Calles que los perseguía o de su exmarido Albert. Ante esto, Vasconcelos la convenció de que se fuera a Francia, y le dijo que cuando él ganara la presidencia, ella regresaría para convertirse en la primera dama de México.
Vasconcelos no ganó o le robaron la elección. Dolido y amargado se dedicó a viajar por Estados Unidos dando conferencias y se le olvidó que Antonieta lo esperaba en París, ya sin fortuna, pasando hambres y fríos, pero enamorada siempre. Vasconcelos llegó al fin después de un año y la noche que se encontraron ella le preguntó enloquecida de amor, ¿Me necesitas todavía? Y él contestó, Nadie necesita a nadie Antonieta. He traído a París a Serafina mi esposa y a José mi hijo que quiere estudiar acá. Mañana te llevo a la embajada mexicana para que te regreses. Nos vemos para desayunar… y se fue.
A la mañana siguiente, Antonieta Rivas Mercado le envió una carta al embajador mexicano pidiendo que se encargara de su hijo Toñito y lo mandara con su padre. Se fue caminado a la catedral de Notre Dame y se dio un balazo en el corazón. Era el 11 de febrero de 1931. Antonieta Rivas Mercado, la gran Pionera y Mecenas cultural de México.