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Mexicali | lunes 31 de agosto
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Por Redacción | lunes, 31 de agosto de 2026
Serán necesarias nuevas formas de escribir, profetizaba León Tolstoi, ante el advenimiento del cine que iniciaba no sólo como industria sino como arte. Decía este gigante de las letras, que “ese pequeño y ruidoso artefacto, revolucionaría la vida” y así ha sido. La profecía de Tolstoi se ha cumplido totalmente, tanto que la forma de narrar de los escritores se ha ido modificando.
Hoy es común hablar de libros que han sido escritos como películas de tal modo que puedan ser llevados fácilmente a la pantalla. Leer una novela moderna es totalmente distinto a leer una novela anterior a la aparición del cine. Hoy, los escritores relatan más rápido, cambian bruscamente las situaciones, varían truculentamente los argumentos y hacen saltos en el tiempo y en el espacio que hacen que avancen las historias sin detalles, una verdadera y a veces absurda elipsis entre el espacio y el tiempo que demerita la narración. Tristes préstamos del cine a la literatura.
Ver Cien años de Soledad en la televisión, deja una profunda reflexión sobre el tema, Me pregunto qué pensaría Gabriel García Márquez y casi estoy segura de la respuesta. La crítica a la producción ha sido en términos generales muy positiva pero quienes han gustado de esta serie e incluso la han calificado de perfecta, seguramente es porque no leyeron la novela, publicada en 1967.
Y no es que los creadores no se mantuvieran fieles a la historia o la distorsionaran, con todas las elipsis necesarias y la narración casi perfecta, los intentos de interpretar los simbolismos de esta obra maestra de la literatura se quedan en eso, porque ése es el punto, convertir la literatura en una historia audiovisual es hacer en otro producto. Cien años de Soledad, como otras novelas llevadas a la pantalla, deja un resabio amargo de nostalgia y de añoranza por la novela.
El cine y la literatura pueden complementarse, quizás, pero la literatura no puede ser avasallada. Esta colaboración es muy difícil y quizás en novelas como Madame Bovary cuyo argumento es fuerte pero muy simple y cabe en unas cuantas líneas se admita que la adaptación cinematográfica fue excelente, pero la fuerza literaria de la literatura no radica solamente en lo que cuentan, sino en cómo lo cuentan, la elección de las palabras la disposición de las mismas, el ritmo, las reflexiones que surgen a través de la lectura. En la novela las palabras son todo, en la pantalla son sólo un complemento y a veces ni siquiera eso.
La literatura suscita las imágenes en el lector por medio de las palabras y en el cine despierta palabas y pensamientos por medio de las imágenes. Cuando leemos un capítulo de Ana Karenina podemos desatender cómo va vestida y en dónde está y nos concentramos en lo que le pasa y siente. En la pantalla no es posible, la ropa, el escenario y los gestos de los protagonistas son protagónicos.
Pero no sólo eso, la narración cinematográfica tiene que ser condensada, los sentimientos y las pasiones de la novela se ven con frecuencia emblematizados, el amor se expresa con un beso, el enojo con una taza rota o la muerte con un féretro. Muchas de las complejidades emocionales de los protagonistas quedan sacrificadas y usualmente representadas en estereotipos.
Por eso las novelas actuales son diferentes, lo mismo que la pintura que se dio cuenta de sus limitaciones cuando apareció la fotografía, hoy se escribe unas veces para competir directamente con la narración cinematográfica y otras para volver a la pureza verbal de la literatura. La relación entre el cine y la novela es como un matrimonio de conveniencia tratando de convivir sin estar exentos de pleitos e infidelidades.
El cine, la televisión, las producciones audiovisuales en general han alcanzado magníficos niveles sin lugar a ninguna duda, sin embargo, intentar llevar la novela a las pantallas es un enorme reto que hasta ahora no ha sido superado. Si usted leyó Cien Años de Soledad, una de las cien obras maestras del idioma castellano, no le recomiendo tanto que vea la serie, mejor regrese a la novela, allí está el auténtico Macondo y la magia indescriptible de la literatura
viveleyendo.normabustamante@gmail.com