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El fenómeno del multiverso que se convirtió en el favorito de la audiencia infantil

Por Redacción | jueves, 28 de mayo de 2026

EMX-El fenómeno del multiverso que se convirtió en el favorito de la audiencia infantil


Durante años, la ciencia ficción hablaba de universos paralelos como una idea lejana, casi de laboratorio. En cambio, para la audiencia infantil el multiverso se volvió algo inmediato: una forma de juego. La lógica es simple y poderosa a la vez: si existen muchas versiones de un mismo héroe, entonces también existen muchas formas de ser, de equivocarse, de aprender y de volver a intentar. Esa premisa, contada con ritmo y humor, encaja perfecto con una etapa de la vida donde la imaginación no es un adorno, sino una herramienta para entender el mundo.

El salto a fenómeno masivo llegó cuando historias como Spider-Man: No Way Home lograron que el multiverso dejara de ser una explicación complicada y se convirtiera en emoción pura: encuentros imposibles, sorpresas, identidades que se cruzan y un héroe que, aunque esté rodeado de versiones extraordinarias, sigue siendo alguien que se siente solo, que se equivoca y que intenta reparar lo que rompió. Para niñas y niños, ese contraste es clave: lo fantástico está ahí, pero el corazón de la historia se entiende sin manual.

Por qué el multiverso conecta tan bien con los más chicos

El multiverso funciona, en esencia, como un “¿qué pasaría si…?” permanente. Y esa pregunta es casi la lengua materna de la infancia. Cuando un relato permite imaginar que un mismo personaje puede ser distinto en otro mundo, abre una puerta natural a la curiosidad y a la creatividad. No se trata solo de ver poderes o peleas; se trata de pensar en posibilidades.

Además, el multiverso ofrece un alivio emocional que muchas narrativas tradicionales no tienen: si algo sale mal en un universo, puede existir una versión donde se aprenda de eso. Para una audiencia infantil, que está aprendiendo a tolerar frustraciones y a construir confianza, esa idea puede ser muy atractiva. El mensaje que queda no es “todo se arregla mágicamente”, sino “hay más de una forma de resolver un problema”.

También está el factor visual. Los relatos multiversales suelen jugar con colores, cambios de estilo, mundos con reglas distintas y personajes que se reinventan. Esa variación constante sostiene la atención y, a la vez, convierte la experiencia en algo que se comenta y se repite. En México, donde muchas familias combinan cine, plataformas y clips cortos en redes, ese tipo de historia se adapta bien: se puede ver completa, pero también se puede recordar en escenas, memes, tráilers y momentos icónicos.

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Spider-Man y la idea de “ser héroe” sin dejar de ser niño

Spider-Man siempre tuvo un lugar privilegiado entre el público infantil por una razón muy concreta: no parece intocable. No es el héroe distante que llega a imponer orden desde arriba; es alguien que corre, se apura, se confunde, hace chistes cuando está nervioso y se mete en problemas enormes por decisiones pequeñas. Esa cercanía hace que el héroe sea “admirable”, pero también “alcanzable”.

En un relato multiversal, esa cercanía se multiplica. Al aparecer distintas versiones del mismo personaje, la historia sugiere que no existe una única manera correcta de ser valiente. Una versión puede ser más segura, otra más torpe, otra más triste, otra más impulsiva. Para la audiencia infantil, ver esa diversidad ayuda a entender que el carácter no es una máscara fija, sino algo que se construye.

El efecto “repetición”: volver a mirar para encontrar detalles

El multiverso tiene una cualidad que lo vuelve irresistible para el público más joven: cada re-visionado parece distinto. Siempre hay un detalle nuevo, una referencia escondida, un personaje que apareció dos segundos, una pista que pasó desapercibida. Esa dinámica convierte la historia en un juego de exploración.

En una familia mexicana, donde muchas veces una película se transforma en panorama de fin de semana y luego en “fondo” de una tarde, ese componente es oro. Los niños vuelven a mirar porque sienten que pueden descubrir algo que antes no vieron. Y cuando lo descubren, lo cuentan como si fuera un tesoro.

Esa repetición también alimenta el vínculo social. En el colegio o entre primos, el multiverso genera conversación: “¿te fijaste en…?”, “¿y si en otro mundo…?”, “¿cuál es tu Spider-Man?”. El relato deja de ser solo consumo y pasa a ser lenguaje compartido.

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Un fenómeno que se expandió a todo el ecosistema infantil

El multiverso no se quedó en el cine. Su éxito empujó un estilo de entretenimiento que hoy se reconoce en series animadas, videojuegos, juguetes, libros ilustrados y hasta disfraces. La idea de múltiples versiones permite lanzar productos distintos sin que parezca repetitivo: el mismo héroe, pero con traje nuevo, con habilidades nuevas, con un mundo nuevo.

Y ahí aparece un punto clave: para la audiencia infantil, la continuidad perfecta no es tan importante como la posibilidad de jugar. El multiverso habilita ese juego porque no exige una sola línea temporal rígida. Se puede entrar por cualquier puerta: una película, un corto, una serie, una escena en internet. Cada entrada suma, no estorba.

En ese contexto, los catálogos de contenidos infantiles se vuelven un espacio natural para este tipo de historias, porque reúnen aventuras que comparten un mismo tono: ritmo rápido, emoción clara y mundos que cambian sin perder el centro humano. Para muchas familias, esa curaduría es relevante: facilita encontrar opciones que mantengan el interés y, al mismo tiempo, se ajusten a la edad y a los hábitos de consumo.

Lo que el multiverso dice (sin decirlo) sobre crecer

Más allá del espectáculo, hay un motivo profundo por el que el multiverso se volvió tan popular entre niños y niñas: habla de identidad. Crecer se parece bastante a vivir “varias versiones” de uno mismo. A veces se es valiente, a veces no; a veces se acierta, a veces se falla; a veces se quiere pertenecer y otras veces se quiere escapar. El multiverso convierte esa experiencia en una historia visible.

Cuando un niño ve que un personaje puede cambiar según el mundo en el que está, entiende algo importante sin que se lo expliquen: el contexto influye, pero no define todo. La decisión personal sigue importando. Esa es una idea enorme para una audiencia pequeña, porque ayuda a ordenar emociones y a pensar en el propio lugar.

Por eso, el multiverso no funciona solo como “truco narrativo” o como excusa para cameos. En su mejor versión, se convierte en una manera de hablar de empatía: si hay muchas versiones de una persona, entonces también hay muchas razones para ser como se es.

El futuro del multiverso infantil: menos explicación, más emoción

Es probable que el multiverso siga creciendo, pero con un ajuste: las historias que perduran tienden a simplificar la teoría y a fortalecer el vínculo emocional. La audiencia infantil no necesita un mapa del universo; necesita un motivo para acompañar al personaje. Y cuando ese motivo existe —amistad, culpa, responsabilidad, pertenencia—, el multiverso deja de ser un concepto y se vuelve una experiencia.

En México, donde el entretenimiento infantil convive con pantallas en múltiples formatos, este fenómeno tiene espacio para mantenerse: ofrece aventura, humor, estética llamativa y conversación posterior. Pero, sobre todo, ofrece algo que los niños reconocen de inmediato: la sensación de que el mundo puede ser distinto, y que incluso cuando todo se enreda, todavía existe una forma de volver a intentarlo.