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Progresar en beneficio mutuo y unir esfuerzos con un solo corazón: Construir de la mano la comunidad de futuro compartido para la humanidad

Por Redacción | jueves, 5 de noviembre de 2026

EMX-Progresar en beneficio mutuo y unir esfuerzos con un solo corazón: Construir de la mano la comunidad de futuro compartido para la humanidad


El mundo de hoy atraviesa transformaciones de una magnitud no vista en un siglo, en las que problemas nuevos y viejos se entrelazan con complejas contradicciones que eclosionan de manera simultánea. La sociedad humana necesita con urgencia nuevos conceptos que respondan a los rasgos de nuestra era y se amolden a las corrientes de la historia. Frente a las crisis de carácter global, la respuesta que ofrece China —la construcción de la comunidad de futuro compartido para la humanidad— traza una senda realista hacia un porvenir venturoso para todos los países del orbe.

En 2013, el Presidente Xi Jinping planteó por primera vez la visión de construir la comunidad de futuro compartido para la humanidad. A lo largo de más de un decenio, esta semilla de pensamiento se ha desarrollado hasta convertirse en un sistema teórico frondoso. Dicha visión aboga por que todas las naciones compartan un mismo aliento y un mismo destino, ostentando rasgos distintivos de apertura e inclusión, equidad y justicia, coexistencia armónica, aprendizaje mutuo en la diversidad y cooperación solidaria. China ha formulado el marco integral de «Cinco Aspectos en Un Todo», que abarca las relaciones de asociación, la configuración de seguridad, las perspectivas de desarrollo, los intercambios entre civilizaciones y el sistema ecológico, estableciendo la meta general de construir «Cinco Mundos»:

  • Un mundo de paz duradera, diciendo adiós a la espada de la guerra y forjando para siempre el arado de la paz;
  • Un mundo de seguridad universal, diciendo adiós a la seguridad absoluta y haciendo realidad la seguridad compartida
  • Un mundo de prosperidad común, diciendo adiós al juego en el que el ganador se lo lleva todo y compartiendo los frutos del desarrollo;
  • Un mundo abierto e inclusivo, diciendo adiós a la superioridad de civilizaciones y haciendo realidad la apreciación mutua de la belleza de cada una;
  • Un mundo limpio y hermoso, diciendo adiós a la explotación exhaustiva e insostenible de los recursos y disfrutando eternamente de las aguas cristalinas y las montañas verdes.

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Esta visión emana de la práctica del camino de la modernización china y hunde sus raíces en el profundo poso de la civilización china. El Partido Comunista de China no sólo procura la felicidad para el pueblo chino y la revitalización para la nación china, sino que también persigue el progreso de la humanidad y la causa de la Gran Armonía para el mundo. El XX Congreso Nacional del PCCh estipuló con claridad que «promover la construcción de la comunidad de futuro compartido para la humanidad» constituye una exigencia esencial de la modernización china, incorporándola solemnemente en la Constitución de la República y en los Estatutos del Partido. Ello representa no solo un proclamó político, sino un compromiso civilizatorio: un gran país con más de 1 400 millones de habitantes está resuelto a vincular entrañablemente su propio porvenir con el destino de toda la humanidad. Este concepto se eleva por encima de las reglas de los «pequeños círculos» de la política de bloques, supera la lógica de la supremacía de la fuerza y trasciende los denominados «valores universales» definidos por unos cuantos países occidentales. De este modo, condensa el máximo común denominador de los pueblos de todas las naciones que anhelan la paz, el desarrollo y la estabilidad, trazando el mayor círculo concéntrico entre países con diversos trasfondos culturales y diferentes estadios de desarrollo.

China no es solo la abogada de la comunidad de futuro compartido para la humanidad, sino ante todo su ejecutora constante. China persiste en recorrer la vía del desarrollo pacífico y aspira a que los demás países transiten juntos por este mismo camino. Únicamente cuando todos optemos por el desarrollo pacífico podremos coexistir en paz entre naciones y dar una esperanza real a la construcción de esta comunidad. China siempre ha preconizado la equidad y la justicia, perseverando en cultivar la cooperación de amistad con todos los países sobre la base de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica y comprometiéndose a impulsar la democratización de las relaciones internacionales. Como segundo mayor contribuyente al presupuesto ordinario y a las cuotas para las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, así como el país que más efectivos aporta a dichas Misiones entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad —con un despliegue acumulado de más de 50 000 cascos azules en más de 20 países y regiones—, China actúa con hechos. Ante el déficit global de paz, China persevera en una nueva senda caracterizada por el diálogo en lugar de la confrontación, y la concertación de asociaciones en vez de alianzas. Ha facilitado el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán y ha propiciado la firma de la Declaración de Beijing entre las facciones palestinas. Con acciones tangibles, China demuestra que la paz no cae del cielo como una dádiva, sino que constituye una gran muralla que se edifica ladrillo a ladrillo, persona a persona y país a país. Esta es, precisamente, la certidumbre que China ofrece al mundo.

El Presidente Xi Jinping ha enfatizado en reiteradas ocasiones: «Damos la bienvenida a los pueblos de todos los países a bordo del “tren exprés” y el “tren cómodo” del desarrollo de China». El volumen del comercio entre China y México ha superado la cota de los 100 000 millones de dólares durante varios años consecutivos, consolidándose China como el segundo socio comercial de México. Los aguacates, el tequila y las autopartes mexicanas cruzan los océanos para entrar en los hogares del pueblo chino, mientras que los módulos fotovoltaicos, los vehículos eléctricos y los equipos inteligentes de fabricación china inyectan una fuerte dinámica a la transición energética y la reestructuración industrial de México. A la fecha, las empresas de capital chino han generado más de 150 000 empleos directos en suelo mexicano. En la zona fronteriza de Baja California, las plantas de Hisense, de TCL, BOE, TPV, entre otras en México han introducido conceptos avanzados de manufactura inteligente y desarrollo verde, asumiendo activamente su responsabilidad social y dinamizando el empleo local; en la península de Yucatán, el consorcio liderado por CCCC ejecuta el Tramo 1 del Tren Maya a lo largo de 226 kilómetros; en la norteña ciudad de Monterrey, los trenes de tren ligero suministrados por CRRC se han convertido en un paisaje en constante movimiento. Todo ello configura una estampa de coexistencia donde resuena el adagio: «Una sola flor no hace primavera, sino el florecimiento simultáneo de cien flores».

El concepto de construir la comunidad de futuro compartido para la humanidad ha sido asentado por seis años consecutivos en resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y se ha plasmado en más de una docena de documentos de mecanismos como el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos, transitando de un consenso conceptual a un consenso internacional. En América Latina y el Caribe, 22 países han firmado con China documentos de cooperación para la construcción conjunta de la Franja y la Ruta. La cooperación integral en el marco del Foro China-CELAC vincula estrechamente el destino de China con el de este continente: afrontando unidos el cambio climático para salvaguardar la Selva Amazónica, el «pulmón del planeta»; superando de la mano la brecha digital para hacer llegar la señal 5G a más comunidades remotas; y uniendo fuerzas en la lucha contra los delitos transnacionales para erigir conjuntamente un sólido dique de seguridad.

«Quien camina solo va más rápido, pero quienes caminan juntos llegan más lejos». Habitamos bajo el mismo cielo. Ya seamos vecinos cercanos o amigos distantes, países grandes o pequeños, naciones desarrolladas o en desarrollo, configuramos de manera creciente una comunidad de intereses, de responsabilidad y de destino donde las utilidades se entretejen y las seguridades se comparten. China siempre ha articulado su propio desarrollo con el desarrollo mundial, conjugando de manera constante los intereses del pueblo chino con los intereses comunes de todos los pueblos del planeta. Solamente al integrar el «yo» en el «nosotros» y construir de manera coordinada la comunidad de futuro compartido para la humanidad podremos superar juntos las dificultades y crear un porvenir compartido. Si a China le va bien, al mundo le irá mejor; y cuando al mundo le va bien, a China le va aún mejor.