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Por Redacción | viernes, 11 de septiembre de 2026
A 25 años de los atentados del 11-S, Khalid Sheikh Mohammed continúa detenido en Guantánamo y enfrenta un proceso marcado por años de disputas legales derivadas de las torturas que sufrió bajo custodia de la CIA.
NUEVA YORK.- A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el proceso contra Khalid Sheikh Mohammed, señalado como presunto autor intelectual de los ataques, continúa sin una perspectiva clara de llegar a juicio, pese a que un juez militar fijó el 5 de junio de 2028 como fecha tentativa para comenzar el proceso.
Mohammed permanece detenido en la bahía de Guantánamo, donde fue trasladado el 5 de septiembre de 2006 después de permanecer durante más de tres años en prisiones secretas fuera de Estados Unidos. Sin embargo, abogados de ambas partes consideran que el complejo historial de su caso podría impedir que el juicio se concrete incluso en 2028.
El principal obstáculo está relacionado con el trato que recibió después de ser capturado en Pakistán en 2003. Mohammed fue sometido bajo custodia de la CIA a métodos de interrogatorio considerados tortura, entre ellos el waterboarding o ahogamiento simulado, situación que ha provocado años de disputas sobre qué pruebas pueden ser utilizadas en su contra.
“Todo está contaminado por la política y la falta de rendición de cuentas por la tortura”, afirmó Joshua Dratel, abogado que ha participado en la defensa de Mohammed y en los esfuerzos para garantizar que cuente con representación legal adecuada.
A finales de agosto, el juez militar encargado del caso estableció la fecha de junio de 2028 para el juicio de Mohammed y otros tres acusados por los atentados. En la misma etapa del proceso, determinó que los fiscales no podían presentar como prueba una confesión realizada ante agentes del FBI en 2007.
El juez consideró que esas declaraciones estaban contaminadas debido a que Mohammed había sido sometido previamente en el extranjero a las llamadas “técnicas de interrogatorio reforzadas”, entre ellas el waterboarding.
Aunque la resolución representó un revés para la fiscalía, el gobierno estadounidense decidió no apelar, en parte por el riesgo de que una nueva disputa judicial retrasara todavía más la posibilidad de celebrar el juicio.
El caso ha atravesado distintas etapas durante más de dos décadas. En 2024, un acuerdo de culpabilidad parecía ofrecer una salida al proceso, ya que habría permitido que Mohammed y otros acusados fueran condenados a cadena perpetua sin enfrentar la pena de muerte. Sin embargo, el acuerdo comenzó a desmoronarse poco después de ser anunciado y fue finalmente descartado.
Para los familiares de las víctimas, la incertidumbre representa otra prolongación de una espera que comenzó hace un cuarto de siglo. Terry Strada, cuyo esposo, Tom Strada, murió en el World Trade Center, afirmó que las familias continúan esperando que el caso llegue finalmente ante un tribunal.
“De verdad queremos ver que esto llegue a su fin en algún momento. Queremos ver que se haga justicia. Es igual de importante que hace 25 años”, expresó Strada, presidenta nacional de 9/11 Families United.
Sin embargo, Strada también manifestó que preferiría que Mohammed permaneciera detenido indefinidamente en Guantánamo antes que aceptar una resolución que eliminara la posibilidad de una pena de muerte. Argumentó que una eventual condena sin ejecución podría abrir la posibilidad de que futuros gobiernos estadounidenses consideraran utilizarlo en un intercambio por ciudadanos estadounidenses detenidos en otros países.
“Se ajusta al crimen y evitaría que eso ocurriera alguna vez. Y eso es importante para mí”, sostuvo al referirse a la pena capital.
Un informe del Senado de Estados Unidos documentó que Mohammed fue sometido a un prolongado régimen de tortura mientras estuvo bajo custodia de la CIA, que incluyó 183 sesiones de waterboarding.
Antes de que el caso terminara en el sistema de comisiones militares, existió la posibilidad de que Mohammed fuera procesado en un tribunal civil de Nueva York. En 2009, el entonces fiscal general Eric Holder anunció planes para llevarlo a juicio junto con otros acusados en un tribunal de Manhattan, a pocas cuadras del lugar donde se encontraban las Torres Gemelas.
El entonces presidente Barack Obama, quien había prometido cerrar el centro de detención de Guantánamo, defendió la propuesta y aseguró que Mohammed enfrentaría “las exigencias más rigurosas de la justicia”.
El proyecto, sin embargo, generó una fuerte oposición. Sus críticos argumentaron que el proceso podría convertirse en una plataforma para difundir mensajes extremistas y también expresaron preocupación por la seguridad de Nueva York ante la posibilidad de que la ciudad volviera a ser considerada un objetivo terrorista.
El exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani calificó entonces la propuesta como imprudente y cuestionó la decisión de trasladar el caso a la ciudad.
Para Dratel, el abandono de aquella alternativa fue un error. Consideró que el sistema de comisiones militares ha demostrado ser menos eficiente y ha generado un complejo entramado de litigios sobre su funcionamiento y legalidad.
“Cada vez que se llega a un punto muerto, nadie sabe qué hacer”, afirmó el abogado.
Por su parte, David Raskin, abogado que habría encabezado la acusación contra Mohammed en Nueva York si el juicio civil hubiera prosperado, sostuvo en un ensayo publicado en The Washington Post que está convencido de que aquel proceso habría terminado con una condena.
Raskin consideró que las comisiones militares terminaron convirtiéndose en un terreno favorable para la defensa, debido a los constantes cuestionamientos sobre sus procedimientos y legalidad.
“Pronostico que nunca se completará un juicio ante una comisión militar para Mohammed y los otros acusados del 11 de septiembre”, concluyó.
Con información de Proceso