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Tormenta Rachel deja sin vivienda a 20 familias en la colonia 3 de Octubre, deslizamientos que se registraron desde hace un año
Por Ana Lilia Ramírez | lunes, 12 de octubre de 2026
El deslave en la calle Puntarena hundió la vialidad y abrió grietas en las casas. Durante un recorrido de EL MEXICANO se escuchaban los crujidos del movimiento de tierra.
TIJUANA.- El estruendo de la tierra al moverse interrumpe el silencio de la calle Punta Arena, en la colonia 3 de Octubre. Las grietas atraviesan las paredes, la vialidad se hundió y las familias comenzaron a sacar sus pertenencias ante el temor de que sus casas terminen por colapsar. Tras el paso de la tormenta Rachel, alrededor de 20 familias se quedaron sin vivienda, en una zona donde los residentes aseguran que el problema se reportó desde hace más de un año sin que llegara una solución.
Durante un recorrido de EL MEXICANO por el lugar se escuchaban los crujidos del terreno mientras continuaba el movimiento de tierra. Las grietas se extendieron por la calle y las viviendas, en un escenario que mantiene a los habitantes en incertidumbre sobre la seguridad de sus hogares y el destino de sus familias.
Los residentes atribuyen parte del deterioro al colapso de tuberías de agua de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT), que habría contribuido a debilitar el terreno. La causa y el alcance de los daños deberán ser determinados mediante una evaluación técnica.
Para Edis González, quien vive en la zona junto con su familia, el miedo es constante. En su casa hay grietas y sus hermanas también habitan en el área afectada; además, le preocupa la seguridad de un bebé que vive con ellas.
“Es mucho, mi familia vive aquí, o sea, yo estoy muy asustada. (...) La calle ya está hundida, las casas se están perdiendo”, relató.
La afectada explicó que el problema comenzó con una pequeña fuga de agua y avanzó poco a poco, hasta comprometer la calle y las estructuras de las viviendas. Aseguró que los vecinos reportaron la situación en repetidas ocasiones, pero, al no ver una solución, decidieron bloquear la vialidad para alertar sobre el peligro.
“Los carros ya no pueden pasar. Tuvimos que bloquear la calle porque las autoridades no nos hacían caso”, señaló.
González afirmó que personal de distintas dependencias acudió a revisar el avance del deslave, pero los habitantes continúan esperando acciones que les permitan saber si sus casas son seguras y qué deben hacer para protegerse.
Según su testimonio, Protección Civil colocó engomados amarillos en algunas viviendas el miércoles anterior a su denuncia y les indicó que regresaría. Sin embargo, aseguró que después de las lluvias no volvieron a revisar las condiciones del terreno.
El problema, insistió, no comenzó con Rachel. Los residentes llevaban más de un año reportando el deterioro, que avanzó gradualmente hasta llegar a la situación actual.
“Yo no sé qué están esperando, a que alguien esté herido”, reclamó.
EL MIEDO DE PERDERLO TODO
El riesgo de colapso no solo amenaza las paredes y los techos de las viviendas. También pone en incertidumbre a familias que han vivido durante décadas en la colonia y que ahora no saben dónde podrán refugiarse.
González, quien aseguró tener más de 30 años viviendo en el lugar, contó que varios residentes comenzaron a retirar sus pertenencias ante el temor de que el terreno siga cediendo. Entre los habitantes hay niñas, niños, bebés y adultos mayores; algunos, afirmó, tuvieron que ser retirados de sus casas ante el peligro.
“¿A dónde vamos a ir? Esa es la respuesta que nos tiene que dar el gobierno. Nosotros aquí avisamos, aquí informamos y no nos ayudaron en nada”, expresó.
La residente también manifestó preocupación por un poste con cables de alta tensión que, según dijo, se habría movido con el terreno. El hundimiento de la calle impide el paso normal de los vehículos y complica la movilidad de quienes viven en el área.
Enelva Herrera Miranda, otra de las residentes afectadas, lleva 40 años viviendo en la colonia y enfrenta ahora la incertidumbre de perder su hogar.
Para las familias, abandonar sus viviendas representa mucho más que dejar una propiedad: significa separarse del lugar donde han construido su vida, sin tener certeza de dónde podrán establecerse ni de qué apoyo recibirán.
PIDEN UNA SOLUCIÓN, NO SOLO ENGOMADOS
Los habitantes solicitan que las autoridades regresen a la calle Puntarena, realicen una evaluación actualizada de las viviendas y del terreno, determinen cuáles deben ser desalojadas y les informen qué alternativas tienen ante el riesgo.
De acuerdo con González, alrededor de 10 viviendas de la calle serían señaladas por Protección Civil, aunque el número de inmuebles comprometidos y la magnitud de los daños deben establecerse mediante una inspección técnica.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que nuevas precipitaciones agraven las condiciones del suelo. Durante el recorrido de EL MEXICANO, los crujidos de la tierra evidenciaban el movimiento del terreno, mientras las grietas en la vialidad y las casas daban cuenta del deterioro acumulado.
Los residentes piden también que la CESPT revise las tuberías y determine si las fallas en la infraestructura hidráulica contribuyeron al deslave.
“Queremos que vengan y chequen. Queremos una solución”, insistió González.
Tras el paso de Rachel, alrededor de 20 familias enfrentan la pérdida de sus viviendas y la incertidumbre de no tener a dónde ir. Para ellas, el temor es que el terreno termine por ceder por completo antes de que llegue una respuesta a los reportes que, aseguran, hicieron desde hace más de un año.