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Rosamide Cadeus, migrante que empodera a mujeres haitianas en Tijuana
Por Ana Lilia Ramírez | domingo, 8 de marzo de 2026
Al hablar español, francés y criollo haitiano, se convirtió en traductora y guía para mujeres migrantes que enfrentan discriminación por ser mujeres, extranjeras y no hablar el idioma
TIJUANA.-Cuando Rosamide Cadeus llegó a Tijuana en 2021, lo hizo con una maleta llena de incertidumbre y una historia marcada por la migración. Como muchas mujeres haitianas que arribaron a la ciudad en aquella oleada migratoria, enfrentó no solo el reto de empezar de nuevo, sino también la discriminación por ser mujer, migrante y no hablar español.
Hoy, a sus 28 años, Rose-como la llaman quienes la conocen- decidió convertir esas dificultades en una herramienta para ayudar a otras.
Desde su llegada a esta ciudad fronteriza, su objetivo ha sido acompañar a mujeres migrantes haitianas que, como ella, buscan trabajo, estabilidad y una vida más segura lejos de su país de origen.
“Muchas mujeres llegan con miedo, sin entender el idioma y sin saber a dónde acudir”, explica.
El español lo aprendió durante su largo recorrido por América Latina. A su lengua materna, el criollo haitiano, y al francés-idioma oficial de Haití- sumó el idioma que necesitaba para sobrevivir y comunicarse.
Esa capacidad para hablar tres idiomas la llevó a convertirse en traductora en el Centro de Recursos para Trabajadores Migrantes (CRTM), donde apoya a mujeres haitianas a buscar empleo, entender sus derechos laborales y realizar trámites para obtener permisos de trabajo.
Pero su apoyo va más allá de una traducción.
Para muchas migrantes, Rose se ha convertido en un puente para romper el aislamiento que provoca no entender el idioma ni las reglas de un país nuevo. Las acompaña a entrevistas de trabajo, les explica documentos y las orienta sobre cómo acceder a oportunidades que antes parecían imposibles.
Su propia historia refleja el largo camino que muchas migrantes recorren para llegar a Tijuana.
Antes de establecerse aquí, atravesó varios países: Perú, Ecuador, Panamá, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y Chiapas. En el trayecto enfrentó momentos extremos, como el cruce por la peligrosa Selva del Darién, entre Colombia y Panamá, donde estuvo a punto de morir ahogada.
Finalmente llegó a Tijuana, donde encontró algo que no había hallado en otros lugares: oportunidades para trabajar y comenzar de nuevo.
Desde aquí también apoya económicamente a su familia en Haití: su madre y sus tres hermanos. Sueña con que algún día puedan reunirse nuevamente, esta vez en la ciudad que le abrió las puertas.
Pero su meta no se queda ahí. Rose quiere estudiar Derecho en México para seguir ayudando a migrantes de distintas nacionalidades a defender sus derechos, obtener residencia legal y encontrar oportunidades.
Porque para ella, la historia de la migración no solo se trata de sobrevivir.
También se trata de levantar a otras mujeres que, como ella, llegaron sin idioma, sin redes y con la esperanza de construir una vida digna.
“Cuando ayudas a otra mujer migrante, también ayudas a su familia y a su futuro”, dijo con orgullo.