Editorial

Un mundo donde reine la paz

Por Redacción | martes, 10 de marzo de 2026

EMX-Un mundo donde reine la paz

Por Armando Maya Castro


La paz ha sido siempre uno de los anhelos más grandes de la humanidad. A lo largo de la historia, las naciones han buscado alcanzarla por distintos caminos: tratados, acuerdos diplomáticos o equilibrios de poder. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos humanos, la paz sigue siendo una aspiración que con frecuencia parece frágil e inestable.
La prueba de la afirmación anterior se hace evidente al observar los enfrentamientos armados que hoy se desarrollan en distintas regiones del mundo. En Asia, en el Medio Oriente y en Europa persisten conflictos que recuerdan cuán frágil puede ser la paz cuando depende únicamente de acuerdos humanos o de equilibrios de poder.
Aún permanece en la memoria la tensión que marcó los años de la Guerra Fría, cuando el mundo vivía bajo la amenaza constante de una confrontación nuclear. Durante décadas, la humanidad contempló con temor la posibilidad de una destrucción global.
Con el paso del tiempo muchos pensaron que aquellos temores habían quedado en el pasado. Pero hoy vemos resurgir tensiones internacionales que devuelven al mundo una sensación de incertidumbre que creíamos superada.
Hablemos ahora de la paz espiritual que tiene su origen en Dios, la cual está fundada en la justicia, la verdad y el amor. Esta paz no depende únicamente de circunstancias externas, sino de una transformación interior que orienta al ser humano hacia la práctica constante del bien.
Esto nos recuerda una verdad incuestionable: la paz no puede sostenerse solamente sobre acuerdos políticos o equilibrios militares. Cuando depende únicamente de la voluntad humana, la paz es frágil y queda expuesta a las pasiones, ambiciones y conflictos que nacen en el corazón del hombre.
Por ello, el desafío de nuestro tiempo no consiste solo en evitar la guerra, sino en cultivar una cultura de paz que comience en el interior de cada persona. Y esto solo es posible con Dios, pues, sin Él, la paz es solo una aspiración irrealizable.
Concluyo señalando que la paz que nace de Dios no es solo ausencia de conflicto; es una armonía sustentada en la verdad y la justicia. Y mientras esa paz encuentre lugar en el corazón del hombre, siempre habrá esperanza para la tan anhelada paz del mundo.