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Nacional | lunes 27 de abril
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Por Redacción | lunes, 27 de abril de 2026
Por Norma Bustamante
Decía Jorge Luis Borges que el buen cuento no tiene ripios, o no debería tenerlos, y yo traslado esta afirmación a las columnas que aquí escribo. Si en la poesía son indispensables, en una columna o en un cuento deberían ser eliminables. Decía Borges que las novelas estaban llenas de ellos y por eso él no las escribía; se concretaba solo a lo esencial.
Busqué y encontré un ejemplar recién reeditado de sus Cuentos Completos de la editorial Alfaguara. El libro es seductor, con una portada en blanco y negro que muestra el rostro de un Borges joven. La contraportada señala que sus cuentos son un capítulo fundamental de la literatura del siglo XX por su rigor de construcción e invención metafísica.
En mi afán de olvidarme de los ripios, me digo que la literatura es igual que la vida, donde los ripios están por todas partes. Definidos en ingeniería como cascajo o escombro, en la literatura son las palabras y frases innecesarias usadas como relleno. Es difícil prescindir de ellos porque cada vez es más confuso distinguir lo importante de lo superfluo.
Empezaré con los 119 cuentos de Borges y asumo el reto de eliminar los ripios en la escritura y en la vida misma. Ser lector de Borges no es fácil; exige sagacidad y sabiduría, sin adjetivos incómodos que trastoquen la realidad. Así debería ser la norma para quien escribe: sin ripios distorsionantes y con espíritus abiertos que entiendan la complejidad de la naturaleza humana.
viveleyendo.normabustamante@gmail.com