Editorial

Entonces ¿Cuándo sÍ?

Por Priscila Chávez Flores | lunes, 6 de julio de 2026

EMX-Entonces ¿Cuándo sÍ?

Un ciclo que nunca termina


Ya con la cabeza fría y cafecito en mano: lo de México no fue un fracaso. Fue lo mismo de siempre, una costumbre. Solo que esta vez la ilusión colectiva se multiplicó porque el Mundial se jugó en casa. Vamos por partes.

En lo personal, esta eliminación no me duele tanto como otras; nunca voy a superar la de Alemania 2006. Muy en el fondo, todos sabíamos cómo iba a terminar esta película. Tarde o temprano te ibas a topar con un Top 5 y adiós Mundial. La misma historia de cada cuatro años, con excepción de Qatar donde nos fue peor.

No olvidemos que México llegó a esta Copa del Mundo por ser anfitrión. Desde ahí el proceso mundialista avanzó medio a ciegas. Ya “estábamos” ahí. Lo demás fue más de lo mismo: cambios de entrenador, falta de continuidad y los mismos jugadores del fracaso anterior porque, dicen, “es lo que hay”.

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Ahora, ¿Cómo no ibas a superar la fase de grupos si enfrente estaban selecciones que ni siquiera figuran entre las 20 mejores del ranking? El problema es que a México ya se le complicaban este tipo de rivales, así que ganarles en un Mundial bastó para que todo explotara. Volvimos a comprar el producto y lo consumimos bien y bonito.

Y es que aquí entra un tema que luego hace mucho daño: las formas versus los resultados. Vale madre cómo juegues; a un Mundial se va a competir y a ganar como sea. Entonces se nos olvidó que Sudáfrica prácticamente te regaló el primer gol y por momentos manejó la pelota; que Corea también colaboró con un error y una gran atajada evitó el empate; con Chequia no hubo mayor problema, porque el rival era el número 42 del ranking. Y todos repetíamos: “contra Ecuador viene lo bueno”.

Algunos se convencieron de que los dieciseisavos eran los octavos y que eliminar al Cóndor andino, con futbolistas que México hoy no tiene, ya era un parámetro. Históricamente, Ecuador nunca ha sido esa piedra en el zapato para el “Tricolor”, pero estaba claro que el duelo con los sudamericanos no sería sencillo. Y así fue. Y ahí vamos otra vez.

La de “Aquí no es así” hay que guardarla para cuando nos toque España. A los ingleses ni fu ni fa. Lo comentaba con compañeros y familia: ¿de verdad alguien pensaba que el entorno los iba a intimidar? 

Si algo les preocupaba era la altura. Entonces las potencias hacen eso, se adaptan y resuelven. 

Jude Bellingham convirtió la cancha del Estadio Azteca en su patio de juegos. Apareció por todos lados, evitó un gol en su área y terminó firmando un doblete sin dar señales de desgaste. ¿Cuál altura? Jorge Sánchez solo alcanzó a verle el dorsal a Anthony Gordon. ¿Cuál altura? Con un hombre menos, Inglaterra apostó por transiciones largas y con eso le bastó. ¿Cuál altura?

Y claro, todos nos convertimos en directores técnicos. Nunca entendimos por qué Javier Aguirre sacó a Julián Quiñones, el único que venía haciendo goles, para darle entrada a un delantero que llevaba diez meses sin marcar y además se lesionó. Apostó por el Memote, quizá pensando en el juego aéreo, mientras el goleador de la liga permanecía en la banca. También quemó un cambio por aferrarse a César Montes.

Lo de Gil Mora merece otro análisis. Está bien darle confianza porque es distinto: piensa más rápido, juega mejor y tiene personalidad. Pero también tiene 17 años. Iba a equivocarse tarde o temprano, y eso forma parte de su crecimiento. Lástima que el escenario fuera un Mundial. Yo también habría considerado a Álvaro Fidalgo desde el inicio para tener más control y jugar por abajo, porque, seamos honestos, ¿Cómo pretendes ganarle por arriba a Inglaterra?

Y entonces llegamos a la pregunta.

Si en casa, con nuestra gente (aunque faltó ese verdadero hincha que pesa), con la famosa altura a favor y durante buena parte del partido con un hombre de más, México apenas logró acercarse en el marcador con más corazón que futbol... entonces ¿Cuándo sí?

Otro Mundial que termina en octavos de final.

Al menos queda algo rescatable. Se asomó una generación que ilusiona con nombres como Mora, Chávez, González, Gutiérrez y un mediocampo sólido con Lira. También apareció un naturalizado que sí marcó diferencia. Desde “Sinha” no había uno tan determinante, y hoy Quiñones ya es el máximo goleador de México en Copas del Mundo con cuatro tantos; delanteros mexicanos consolidados, simple y sencillamente, no hay. El “Tala” Rangel todavía tiene mucho por trabajar, pero la portería parece estar en buenas manos.

Ojalá Rafa Márquez pueda construir un proceso serio y, algún día, México deje de aspirar únicamente a competir para convertirse, al menos, en la revelación o el caballo negro de un Mundial.

Soñar no cuesta nada.

Lo complicado es que, cada cuatro años, despertamos exactamente en el mismo lugar.

Posdata: Sánchez y Edson traían su propia fiesta en la zona baja. Véanlos, disfrútenlos... diría Martinoli.