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Claudia Sheinbaum Pardo...supervisó la modernización de la Refinería de Tula
Por Braulio Serrano Ruíz | lunes, 5 de enero de 2026
Mexicali...
La supervisión realizada en Atitalaquia, Hidalgo, por la Presidenta de México, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO, sobre la colocación de un reactor hidrodesulfurizador de naftas en la Refinería de Tula, confirma que la política energética de la Cuarta Transformación no solo continúa, sino que entra en una etapa de consolidación técnica y operativa. La modernización de esta refinería, una de las más emblemáticas del país, forma parte de una inversión estratégica en ocho refinerías nacionales que hoy permiten a Petróleos Mexicanos recuperar su capacidad de refinación y superar el millón de barriles diarios de procesamiento, algo que no ocurría desde hace dos décadas.
La Presidenta fue clara al señalar que esta recuperación no es fortuita. Durante los gobiernos neoliberales se apostó por el debilitamiento deliberado de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, bajo el argumento de la eficiencia privada, lo que derivó en menor producción, mayor endeudamiento y dependencia del exterior. Hoy, con la reintegración vertical de Pemex y su restitución como Empresa Pública del Estado, se ha logrado mayor control, eficiencia y reducción de espacios para la corrupción.
La incorporación de la coquizadora y del reactor hidrodesulfurizador en Tula tiene además un componente social y ambiental relevante. La producción de combustibles con menor contenido de azufre reduce impactos negativos en la salud y en el entorno, especialmente en regiones históricamente afectadas por la contaminación. A ello se suma el dato aportado por el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla: la refinería procesa actualmente alrededor de 270 mil barriles diarios, con un costo por barril de 13 dólares, y México ha pasado de importar a exportar diésel.
La participación de más de 12 mil trabajadores y la generación de 35 mil empleos directos e indirectos, como lo expuso la directora general de Grupo ICA, Guadalupe Phillips Margain, confirman que la inversión pública bien dirigida también es un motor de desarrollo regional. El respaldo del gobernador de Hidalgo, Julio Menchaca Salazar, se inscribe en esa lógica: fortalecer a Pemex es fortalecer economías locales y dar estabilidad a largo plazo.
Este mensaje de orden, planeación y responsabilidad contrasta con lo que ocurre en otros frentes, particularmente en el manejo del agua, donde en los últimos días ha quedado en evidencia una conducta que poco tiene que ver con los principios que dice defender la Cuarta Transformación. Más allá de la publicación que ha circulado por WhatsApp, el fondo del asunto es otro: hay sectores agrícolas que, conscientes de que están por emitirse nuevas reglas y lineamientos por parte del gobierno federal, están aprovechando hasta el último minuto para extraer, usar y, en algunos casos, estirar al límite el recurso hídrico.
No se trata de pequeños productores confundidos, sino de prácticas conocidas y recurrentes en distritos de riego donde, históricamente, el agua se ha visto como un botín y no como un bien público. El discurso alarmista que se difunde en cadenas de mensajería busca, en realidad, justificar una carrera contra el reloj para sacar provecho del agua antes de que entren en vigor controles más estrictos, mediciones volumétricas y reglas claras. La desinformación funciona aquí como coartada.
La comunicación oficial emitida desde el Distrito de Riego 014, firmada por el ingeniero en jefe JULIO ALFONSO NAVARRO URBINA, es reveladora no solo por lo que dice, sino por lo que evidencia. Mientras se emiten los nuevos lineamientos de la Ley General de Aguas y se ajustan los procedimientos por parte de la Comisión Nacional del Agua, se autoriza la continuidad de ciertos usos distintos al riego, siempre bajo control volumétrico y registro en bitácoras. Es decir, no hay un vacío legal ni una suspensión abrupta, sino una transición ordenada.
Sin embargo, esa ventana temporal parece estar siendo interpretada por algunos como permiso tácito para intensificar extracciones, llenar pipas y asegurar ventajas antes de que el gobierno cierre filas. Esta conducta va en sentido opuesto a lo que promueve la Cuarta Transformación: uso responsable de los recursos, equidad en el acceso al agua y prioridad al consumo humano. Aprovechar los últimos resquicios de un sistema que está por cambiar no es defensa del campo, es resistencia al orden.
Así como en materia energética el Estado decidió poner fin al saqueo y al abandono para recuperar soberanía, en el tema del agua el mensaje es similar. Las reglas están por publicarse y el margen de discrecionalidad se reduce. Persistir en viejas prácticas, amparadas en rumores o en interpretaciones convenencieras, solo confirma por qué era necesario reformar la ley.
La transformación no admite atajos. Ni en el petróleo ni en el agua. Y quien hoy corre para sacar ventaja antes de que lleguen las nuevas reglas, difícilmente podrá decir mañana que fue sorprendido por un cambio anunciado desde hace tiempo.